No solo los humanos de corazón dispuesto glorifican a Dios, también  lo hacen los animales, los ángeles, el cielo, las estrellas, el sol, la luna, la creación entera.

Cuando cada parte del universo hace su función, está dando gloria al Ser que la creó.

No obstante, la humanidad lo glorifica cuando hace lo que a los ojos de Jehová es acepto, cuando ejerce fe en el sacrificio redentor de Cristo y actúa en consecuencia. Es decir, cuando realiza obras de misericordia.

El sol minuto a minuto cumple la labor para la que fue creado. Sería impensable -y sumamente desastroso- que no lo hiciera así. De la misma manera, el ser humano debe esforzarse por agradar a Dios.

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