La libertad es uno de los dones más preciados por los seres humanos y la creación en general. Las aves disfrutan alzar el vuelo sin nada que se los impida. Los gatos gustan de andar por los tejados y techos sin que nadie los moleste.

El hombre también ama la libertad. Con ella puede decidir dónde vivirá, qué comerá, con quién compartirá su vida.

Pero, aunque la libertad sea algo muy valioso, nadie puede por muy libre que sea, puede agregar un segundo más a su tiempo de vida.

En cambio hay una esclavitud que si lo puede hacer.

¿Cuál es esa esclavitud?

La de Cristo.  Él ofrece la vida eterna a quien esté dispuesto a seguir sus pasos.

Pero quien quiera seguirlo deberá hacerlo sin condiciones ni militantes. Como un esclavo que no protesta ante la orden de su amo.

La vida libre del que no sigue a Cristo conduce a muerte. La esclavitud cristiana a vida eterna.

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