No dejaré de estremecerme ante las palabras consoladoras de Cristo hacia la mujer que iba a ser apedreada, ni ante la que con su cabello y lágrimas, lavó los pies del maestro. Qué gran amor y compresnión demostró hacia ellas. Lejos de juzgarlas o señalarlas las hizo sentir valiosas. “Ha amado mucho”, fue lo que dijo a los déspotas que se admiraron porque Cristo no despreció a la humilde mujer que lavó sus pies. ¿Dónde están los que te juzgan? dijo a la que iba a ser apedreada. Si ellos no te juzgan, yo tampoco lo hago. Imagino el pasaje y me lleno de emoción. El hijo de Dios, al que se le dio la facultad y poder para sanar enfermos no hizo juicio alguno para esta mujer. Por el contrario, perdonó diligentemente los pecados de ella.
Pienso que estos dos episodios del evangelio son fundamentales para todo cristiano. No solo deberíamos leerlos una y otra vez, sino meditar en ellos. No son pocas las veces que por debilidad humana o por engreimiento nos abrogamos una autoridad que ni Cristo asumió, aún y cuando su Padre se la había conferido.
Sucede que en estos tiempos a los cristianos nos sobra retórica y carecemos de humildad.

Deja tu opinión, pero por favor, sé respetuoso.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s