Es una triste realidad que las religiones, confesiones y/o congregaciones cristianas se ocupen más en presumir que ostentan la exclusividad de ser consideradas el pueblo elegido de Dios o la religión verdadera, que ir en pos de, con humildad, buscar el agrado del Dios al que dicen servir. Cristo instituyó el nuevo pacto: la fe. No ofreció la membresía o exclusividad de la verdad. Por el contrario, él dijo que todo aquel que pusiera fe en su sacrificio redentor, alcanzaría la vida eterna. Y no es porque seamos merecedores de cosa alguna. Ni antes de que tuviéramos fe lo eramos, ni después. Cristianos o no, seguimos siendo pecadores, debido al error de Adán y Eva.

Cuando desdeñamos la fe de otros o la manera de ejercerla, estamos siendo arrogantes. Cosa condenable por Dios, quien es el juez máximo y único que escudriña el corazón y las intenciones más ocultas.

Los cristianos no deberíamos obsesionarnos por ser considerados el pueblo elegido o los únicos portadores de la verdad.

La Biblia nos da un gran lección con respecto a como ve Dios las cosas. Nos habla de una persona que fue de su agrado, porque se esforzaba por hacer lo correcto, por dar alimento al pobre y ayuda al necesitado. Este hombre fue Job. La Biblia dice: Había una vez, en cierto país llamado Uz, un hombre muy bueno y honrado. Siempre obedecía a Dios en todo y evitaba hacer lo malo. Se llamaba Job…(Job 1:1, Traducción en Lenguaje Actual) 

El texto bíblico menciona que Job era de la tierra de Uz, que, se cree, pertenecía a EDOM, no a Israel, el pueblo elegido de Dios. La Biblia nos menciona que: Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Job 1:8,  La Biblia de las Américas. 

Como podemos leer, Dios consideraba a Job, hombre recto y esforzado por hacer el bien y en este sentido por encima que cualquiera de los de su nación escogida.

Como dijera el apóstol Pedro en los Hechos de los Apóstoles: Dios no parcial, sino que a todo aquel que le busca le es acepto.

Si así es Dios, ¿por qué los que nos decimos cristianos no?

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