Dios es más grande que cualquier corazón. Por eso perdona al pecador antes que el pecador se perdone a sí mismo. Por eso ama primero a todos, antes que alguno lo ame. Dios no odia, no guarda rencor, no maldice. Dios siempre está a la espera, con los brazos abiertos y dispuesto. Dios ama en todo tiempo.

El ser humano hará bien si se hace imitador de Él y se esfuerza por amar sin límite. Por erradicar de su mente y corazón el prejuicio, el odio, el rencor.

 

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