Me traicionaría a mí mismo si no denunciara las injusticias. – Moseñor Luis Alberto Luna Tobar.

La única razón por la que un cristiano debería desobedecer a las autoridades seglares es porque estas se opongan a la labor de evangelización. Así lo explica de forma clara el apostol Pablo. Cuando no es así, los creyentes estamos obligados a respetar a los gobernantes y las leyes, pues, como dice el apóstol, estas autoridades existen para que haya un orden, así sea relativo.

Pero muchas veces las religiones se vuelven una especie de clanes en los que su clero -ya sea el declarado o el de facto- pide secrecía… hasta cuando hay delitos cometidos. Convencen a los creyentes de no denunciar ante las autoridades, porque eso es “ir contra Dios” pues ellos son los representantes de Él en la tierra. Al menos eso es lo que ellos dicen. Como receta para el agravio estos líderes recomiendan el perdón, rezar u orar mucho y todo dejárselo a Dios. Pero hacer esto, es muy grave… además de cometer el delito de encubrimiento.

En las últimas décadas se ha sabido en todo el mundo de casos de abuso sexual cometido contra niños y niñas dentro de las diversas religiones. Hechos sin duda aberrantes, que nada bajo ninguna circunstancia se justifican.

Los medios de comunicación han dado cuenta de estos abusos y de las cantidades millonarias que han tenido que pagar las distintas confesiones religiosas como reparación del daño y por haber encubierto a los pederastas. Católicos, evangélicos, testigos de Jehová, nadie se salva, todos han encubierto a agresores de niños. Por distintas razones: algunos por evitar el escándalo, otros por temor a que dismminuya su feligresía, unos más por pensar que es un ataque del César a su obra evangelizadora.

La realidad es que nadie debería pasar por este tipo de cosas y menos en los espacios que se suponen sirven para hacernos mejores personas. Pero si suceden, debemos denunciarlos, sin demora, sin titubeo, porque, y esto nos debe quedar muy claro, no debe permitirse nunca. Además, no es a nuestro hermano a quien acusamos, sino a un pederasta. A “un lobo con piel de oveja”. A un ser deleznable que no es capaz de caer en cuenta del irremediable daño y trauma que le causa a lo más pequeños del Reino de Dios. No importa si es obispo, sacerdote, párroco, pastor, anciano, siervo ministerial, cardenal. Al qe abuse, hay que denunciarlo.

Nadie es deleal a Dios por denunciar a un humano, pues los actos delictivos no los comete Dios sino el hombre, que merece castigo.

Fe no es encubrimiento.

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