¿Cómo debería ser la vestimenta de los predicadores? Imaginemos cómo sería la de Cristo y sus discípulos. Jesús, hijo de carpintero y sus discípulos, pesacadores, pastores, etc. Sin duda, el atuendo era sencillo. Y esta sencillez crsitiana contrasta con las vestimenta de algunos predicadores de nuestros tiempos.

Si lo importante es el mensaje, la ropa no debería sobresalir más que el evangelio que pretendemos comunicar. La labor del predicador es traer a la imaginación del público las palabras de Cristo, dichas hace casi dos mil años… pero de la misma manera sencilla y profunda que él lo hizo. Al final de cuentas a lo que aspiramos es a ser imitadores de Jesús. Muchas veces nos preguntamos por qué nuestra predicación no es tan efectiva, sabemos que algo nos falta, pero no sabemos qué. Pero le respuesta la tenemos tan cerca: nos falta sencillez. Así como un discurso lleno de palabras “cultas” se hace de difícil comprensión para la mayor parte de las personas, un atuendo ostentoso o demasiado formal creará una barrera o distancia entre el oyente y nosotros.

Hay muchas religiones que se empeñan en dar una buena impresión. Ponen como regla a sus miembros vestir de traje en sus actividades religiosas y en la predicación. Cuando se les pregunta la base bíblica para tal acción, responden que “no hay una base bíblica como tal, pero hay que dar una buena impresión”. Esta respuesta lleva algo de verdad y algo de mentira. La verdad está en que claro, somos portadores de la palabra de Dios y debemos hacerlo de forma digna. Pero la mentira está en que la dignidad dependa de nuestra ropa. Si así fuera, más de la mitad de los profetas del antiguo Israel quedaría desacreditado. El mismo Juan el Bautista, que era una especie de asceta, no calificaría para los altos estándares que estas religiones-corporaciones exigen de sus miembros.

Al menos en Latinoamérica, es difícil que el predicador trajeado, como si fuera gerente de algún banco o empresa multinacional conecte con la población sencilla de los países en vías de desarrollo. En un hombre trajeado, las personas del subcontinente no ven a un seguidor de Cristo, más bien identifican a un político -corrupto las más de las veces-, a un empresario, al cobrador, al banquero que nunca le dará un crédito… pero no al Cristo que caminó con los pobres, que alimentó a las muchedumbres hambrientas, que lavó los pies en gesto de humildad, que consoló al sufriente y rescató a la prostituta de ser apedreada.

Quizá algunos vean en estos predicadores trajeados a los miembros del Sanedrín, pulcramente vestidos, cuidadosos de su higiene hasta lo inconmensurable.

Las sandalias del pescador de hombres, llenas de polvo y gastadas, son contrarias a los mocasines bien lustrados de los predicadores trajeados.

Deja tu opinión, pero por favor, sé respetuoso.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s