La justificación

Me gusta volver a cada tanto al asunto de la justifiación porque creo que es la primera cosa que todo cristiano de nivel básico a intermedio -en cuanto a conocimientos-, debería conocer y, lo más importante, entender.

La justifiación es el epicentro del debate permanente entre las obras y la fe. Algunos defienden una postura y otros otra. La realidad es que no deberíamos estar desgastándonos en un tema que con un  poco de razonamiento y buen criterio, podríamos comprender y zanjar facilmente. ¿El creyente se salva por las obras o por la fe? Veamos.

El antiguo pueblo de Israel estaba  sujeto al pacto de la ley. Ese fue su acuerdo con Dios: mientras ellos cumplieran con sus mandatos, prosperarían como nación. Y así fue. Pero si dejaban de cumplir esa ley, Dios quitaría su protección de ellos y sufrirían, por la invasión de otras naciones, por hambrunas y sequías. Dios se “apartaría” de ellos por su infidelidad. Cabe agregar que el pacto de la ley había sido aceptado por la “entera asamblea”, no era individual. Y tampoco este pacto ofrecía la esperanza de la vida eterna.

Cristo dijo: les doy un nuevo pacto. ¿Cuál era ese pacto? El pacto del amor. Así de simple y de profundo a la vez. Este pacto convoca a todo aquel que así lo disponga a cambiar la forma de pensar. A entender que las cosas se pueden hacer por amor, por desinterés y NO movidos por la OBLIGACIÓN de una ley, que además era imposible de cumplir en su totalidad. Por eso Pablo decía y con sobrada razón, que esa ley “esclavizaba”.  Muy diferente y refrescante el nuevo pacto. El amor no impone nada, porque con el ejemplo enseña. Dios nos enseñó, nos enseña a amar. Cristo nos abre el panorama con su ministerio para poder comprender a plenitud hasta dónde puede llegar la bondad y la misericordia. Por eso cabe preguntarse ¿Si Dios y su hijo han hecho una gran labor en todo su amor por nosotros, qué más podemos hacer nosotros, pequeños hombres pecadores? La respuesta es contundente: NADA. No podemos hacer nada. De hecho, intentar o siquiera pensar que nuestras obras nos salvan, es desconocer al Cristo. Esto lo advierte Pablo en Gálatas y Romanos. La fe, la relación con Dios por medio de su hijo, el perdón de los pecados, la esperanza de vida eterna y la justifiación son por gracia. Y gracia significa GRATIS. Si las obras salvaran no hubiera habido necesidad de que Cristo viniera a ofrendar su vida. Por el contrario, puesto que el hombre no es capaz de solventar su vida por él mismo, es que necesita el rescate que el sacrificio de Cristo le ofrece. Pero como el agua del pozo en el que Cristo y la samaritana platicaron, nadie debe pagar nada… porque nadie tiene algo más valioso o que se equipare a la bondad de Dios y a la vida de su hijo.

Así que la justifiación, que no es otra cosa que aquel que Dios considera justo o de su agrado, no es por obra humana.

Claro y que nadie se confunda, que nuestras obras no se requieran para recibir esta gracia, no nos da carta abierta para hacer la maldad. Pues no estaríamos mostrando amor a Dios ni a nuestro prójimo. No. Es por ese amor y bondad  que nuestro corazón se transforma, que está dispuesto a cambiar a vivir ya no para sí, sino para servir a su Creador. Y que, como imperfecto que es, si peca, no se atormente, sino que se arrepienta y se sane y se ponga de pie nuevamente.  La carga de Cristo por medio del nuevo pacto es “suave y ligera”.

 

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El fariseo y el recaudador de impuestos

El siguiente ejercicio teológico está basado en la llamada Parábola del Fariseo y el Recaudador de Impuestos, que aparece en el evangelio de Lucas, capítulo 18 versículos del 09 al 14.

Una primera mirada a esta parábola

En esta parábola tenemos a dos personajes centrales: el fariseo y el recaudador de impuestos. Dos polos opuestos, nada tan contrario y enfrentado como la personalidad de estos dos personajes. Ambos dentro del templo, que es la casa simbólica de Dios en la tierra. Esto quiere decir que han acudido a la observación y al juicio de Él. A ojos y entendimiento humanos, ya sabemos cuál, a nuestro juicio, será recompensado y cuál merecerá reprensión. Pero Jesús quiere que los presentes no se limiten al razonamiento humano, sino que sean capaces de vislumbrar el amor, la gracia y la bondad de Dios.

Desarrollo del relato

Antes de adentrarnos en el relato, es conveniente que definamos bien lo que era un fariseo y un recaudador de impuestos. Un fariseo en el primer siglo era un miembro del partido judío del mismo nombre, que en hebreo significa “separar”. Así, podemos entender que estos hombres se “separaban” del resto de los judíos para el servicio a Dios, que comprendía el estudio de la ley, su interpretación y la enseñanza y explicación de la misma en las sinagogas. Los fariseos eran el partido dominante y esto hacía que su manera de interpretar la ley predominara entre el pueblo judío. Cabe señalar que los fariseos eran sumamente ortodoxos en su defensa de la ley. Por otro lado, los recaudadores de impuestos eran personas consideradas como sumamente pecadoras. Llevaban una vida de excesos, se emborrachaban, convivían con prostitutas y gentiles. Puede entenderse que incumplían prácticamente todos los mandamientos de la ley. Pero había algo más: los recaudadores de impuestos servían al imperio romano que tenía bajo su dominio a los judíos, luego entonces estos personajes eran vistos como traidores.

Quizá en el momento en que Jesús está hablando hay doctores de la ley presentes, o simplemente personas escrupulosas, porque Lucas advierte que a ellos es a los que dirige esta parábola. La Nueva Traducción Viviente dice que estas personas no solo se sentían demasiado justas, sino que además menospreciaban a los demás. Pensaban que como ellos no se hallaban pecado alguno, tenían el derecho de ponerse un peldaño arriba moralmente hablando y desde esa superioridad ver con desprecio a los demás.

Jesús relata que dos hombres entraron al templo de Dios a orar. Los dos se apartan del resto de los presentes, pero por razones muy distintas. El fariseo lo hace desde la soberbia, lo hará notar en las frases de su oración. El recaudador de impuestos en cambio, se aparta porque se siente “sucio”, no merecedor de estar allí. Es tanta la pena de este hombre, que mientras ruega a Dios por compasión, no levanta la mirada. En cambio el fariseo tiene el pecho erguido, y el rostro arriba, tanto que le ha permitido observar al auditorio y al recaudador de impuestos. En ese mirar se ha comparado con todos ellos y a su juicio, se ha calificado con mejor nota que todos ellos. ¡Y cómo no iba a ser así! si él no engañaba, no pecaba y no cometía adulterio, como sí lo hacía el recaudador de impuestos. Además de que ayunaba, muy distinto a las conductas glotonas del otro. También daba su diezmo de forma puntual. Como puede verse, este hombre no se asumía pecador ni digno de compasión. Este hombre agradecía por estar libre de pecado. El recaudador en su dolor golpeaba su pecho, seguramente lloraba mientras pedía misericordia, pues se sabía pecador. No enumeró las cosas que había hecho mal, porque sabía perfectamente que Dios ya conocía todas estas cosas, por eso venía a pedir perdón. Jesús culmina el relato diciendo que este recaudador de impuestos es el que fue justificado por Dios y no el fariseo. Sabiendo este veredicto ¿podríamos concluir que Dios acepta el pecado?

La respuesta es un contundente no. Dios no se contenta con el pecado, pero tampoco es lo más importante para Él, como tampoco lo es el observar la ley de la manera en que este fariseo lo hacía. La clave la da Jesús cuando dice que el que es humilde y se humilla ante Dios es el que será justificado por Él. El fariseo fue aprobado por Dios porque reconoció sus debilidades y pidió perdón a Dios. No soy digno de estar ante ti, dijo este hombre y conmovió el corazón de Dios. En cambio el fariseo no fue humilde ni fue capaz de mostrar sentimiento alguno a Dios.

Conclusión

Los cristianos muchas veces pensamos que si observamos la ley “seremos merecedores de la vida eterna”. Nos olvidamos de la gracia de Dios y del sacrificio redentor de Jesús. Cierto es que este rescate no nos da carta abierta para pecar, de hecho, hacerlo deliberadamente no estaría demostrando que amamos a Dios. Pero no está en la obediencia de la ley ni en el esfuerzo humano la salvación. Nada de lo que hagamos nos hace merecedores de nada, porque no somos quienes nos otorgamos la salvación, sino Dios en su bondad. Pensar otra cosa es, como decía Pablo, asumir que no necesitábamos a Jesús y que éste murió en vano.

Los cristianos debemos ser humildes como Jesús y ser felices haciendo la voluntad de Dios, pero por amor y no por obligación, no como un deber, nunca como costumbre. Deberemos evitar a toda costa mirar a los demás con el desprecio que lo hacía el fariseo. Como vimos, la separación del fariseo fue muy distinta  de la del recaudador de impuestos. Hoy esta separación también puede darse. Vemos lo que se “separan” para abnegadamente servir a Dios, para atender enfermos o cuidar huérfanos. Esta separación es positiva, llena de humildad. Pero también hay separaciones un tanto farisáicas. Por ejemplo, si pensamos que nuestra religión es la única y verdadera, nos estamos separando de todos aquellos que confiesan a Cristo como salvador, toda vez que Jesús no estableció religión alguna sino un modelo de fe. Este tipo de separaciones no excluye de la convivencia con otros y además nos priva de enriquecernos del conocimiento y experiencias de otros. Los cristianos debemos tener muy presente siempre que no seremos justificados por nosotros sino a pesar de nosotros. Aquellos que se separan de sus hermanos, porque piensan que “no son tan correctos como ellos”, en realidad están dividiendo la casa de Dios. Pensar que somos el único conducto de Dios es fariseismo puro.

Traducciones:

Nueva Traducción Viviente

Reina Valera Contemporánea

Biblia Hispanoamericana Interconfesional

Referencias

The Free Encyclopedia. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://wikipedia.com/

Read the Bible. A free Bible on your phone, tablet, and computer. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://bible.com/

Sitio oficial de los testigos de Jehová. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://jw.org/es

Teología sobre la parábola del hijo pródigo

Teología sobre la parábola del hijo pródigo

 

Para el siguiente estudio se han empleado las traducciones: Biblia de Jerusalén, Traducción en Lenguaje Actual y La Biblia de Nuestro Pueblo. La parábola del hijo pródigo aparece en el evangelio de Lucas capítulo 15:11-32.

Introducción

La llamada Parábola del Hijo Pródigo es uno de los pasajes más hermosos de los que podemos hallar en el evangelio de Lucas. Nos ofrece una ilustración sobre el materialismo, la debilidad, el perdón y la redención. Además de una gran lección de amor. La misericordia —tal como Cristo nos la ha presentado en la parábola del hijo pródigo— tiene la forma interior del amor, que en el Nuevo Testamento se llama agapé. Esta parábola ha sido empleada innumerables veces, incluso por personas que no manifiestan fe en Cristo, ya que es mucho lo que se puede extraer de ella.

Al inicio del capítulo 15 del evangelio de Lucas se nos muestra la situación bajo la que Jesús relatará la llamada Parábola del Hijo Pródigo: Los recaudadores de impuestos y los pecadores, en los que pueden caber desde los ladrones hasta las prostitutas, están atentos a escuchar lo que Jesús está a punto de decir. También hay entre el auditorio algunos fariseos y doctores de la ley. Pero estos no están expectantes a lo que Jesús dirá, sino más bien murmuran y se sorprenden porque Jesús atiende a pecadores y come con ellos. La acusación de los fariseos y los escribas preparó el escenario para tres parábolas (la tercera de ellas fue la del hijo pródigo), en las que Jesús les enseña a estas autoridades judías y a nosotros en la actualidad, cómo trata Dios con los pecadores.

Es de esta tercera parábola de la que nos vamos a ocupar.

Los personajes principales de este pasaje son tres: el padre, el hijo menor y el hijo mayor. Del padre se nos permite saber que era un hombre rico, de lo que se desprende que toda su vida había trabajado empeñosamente hasta acumular una gran riqueza, tan grande que aún y cuando el hijo menor le pide que le entregue la parte que en herencia le corresponde, el padre no queda en carestía. También podemos discernir que era un hombre muy generoso, pues los jornaleros tenían pan en abundancia, según leemos en el versículo 17. En el hijo menor vemos el ejemplo claro del hijo que fue educado con principios y consejos sabios -se notará esta educación cuando después del sufrimiento y el hambre, producto de su mala cabeza, vengan la pena y la culpa por haber fallado a su padre- y a pesar de ello, toma muchas malas decisiones. El hijo mayor fue educado al igual que el menor, con sabiduría y esmero. Se le enseñó a trabajar y a administrar la riqueza. Este hijo, aunque ha sido obediente y no ha hecho algo para que su padre sufra, sí tendrá que aprender una gran lección.

Jesús relata que un día el hijo menor se acerca al padre y le pide le entregue lo que le corresponde como herencia. El padre hace de acuerdo a lo que el hijo le pide. La respuesta del padre, que accede no solo a darle al hijo menor su parte de la herencia, sino también el derecho a venderla, debió de parecerles inconcebible a los que oyeron la parábola. Pero hay que decir que el padre era un hombre sabio y el hijo no era un niño o adolescente, aún y cuando se le trate en el relato como el “menor”. Aquí vemos dos cosas, la primera es que el padre confiaba en el hijo y en la forma en cómo lo había educado. Y segundo, el padre respetó el libre albedrío del hijo. Así que confiando en el buen juicio de éste, reparte la herencia. No lo cuenta Jesús, pero quizá el hijo tuvo una buena idea o negocio en el cual invertir esa herencia. Incluso el hijo pudo haberlo planteado al padre y éste creer que era una buena oportunidad. O quizá se dejó llevar por los consejos frívolos de falsos amigos. El caso es que este heredero va a un país lejano, en el que no hace otra cosa que despilfarrar la riqueza que le fue entregada. Este hijo insensato se olvida de su familia, de su padre y se dedica a andar en fiestas y borracheras, convive con prostitutas hasta quedar en la pobreza. Pero esta pobreza se hace más intensa porque al lugar en el que reside le viene una situación crítica. Lo que en estos tiempos conocemos como una crisis económica. Este hijo pasa, sin duda, por momentos muy tristes.  Aunque había trabajado, siempre lo había hecho en la propiedad de su padre. Ahora no le queda de otra, si quiere comer, tendrá que ir a buscar un trabajo, cosa difícil en un país en carestía.

El hijo halla el trabajo más humilde que puede haber: alimentar a los cerdos. Esta parte se presta para distintos significados. Hay que recordar que Jesús está hablando a un auditorio mayormente judío. Ningún judío comía cerdo pues la ley mosaica les enseñaba que era un animal impuro. El contacto con estos animales les era repugnante. Así que el tener este contacto con los cerdos, nos da a entender hasta qué grado había caído económica y moralmente este hijo. Al cuidar a los cerdos, siente envidia de ellos, así de impuros como son, porque al menos ellos tienen qué comer pues su amo dispone de empleados para que los alimenten. En cambio él, extranjero en esta tierra, no parece importarle a nadie. Si pasa hambre o frío, si siente soledad, nadie le da consuelo.

Es entonces cuando recuerda la vida que se vive en las tierras de su padre. Muy distinta a la de aquí, en la que todo es pobreza. Allá los jornaleros tienen más pan del que pueden comer. ¡Qué distinto a él!

Es así como toma la decisión de hacer el camino de vuelta, pero sabe que ahora es una situación distinta. Ha actuado de forma egoísta e imprudente. Sabe que su padre ha estado triste y preocupado todo este tiempo por él. El llamado hijo pródigo emplea una frase clave en el versículo 18: me pondré en camino a casa de mi padre. Para los cristianos volver  casa del Padre es reajustar la vida, alejarse del pecado, arrepentirse de esa vida y pedir perdón. Al designar a Dios con el nombre de “Padre”, el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y autoridad transcendente y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos. Es decir, es autoridad y amor a la vez. Por eso que el hijo diga “volveré a la casa de mi padre”, significa que aceptará el error, dejará de hacerlo, pedirá perdón y atenderá la amonestación… pero también, gustosamente esperará el abundante amor de parte del padre.

El padre, se nos dice en el relato, no espera a que el hijo llegue y pida perdón, no. El padre, al igual que el celestial, está presto a manifestar su amor, por una razón que más adelante se nos hace saber. No ha dicho una sola palabra el hijo, cuando el padre ya lo abraza y lo besa. Tanta bondad desconcierta al hijo, pero éste pide perdón a su padre por haber ofendido a Dios y a él. ¡Ya no merezco llamarme tu hijo! dice el hijo apesadumbrado.

Y justo aquí inicia la gran lección de amor que Jesús quiere comunicar.  La Traducción en Lenguaje Actual en los versículos 22-25 nos dice :

Pero antes que el muchacho terminara

de hablar, el padre llamó a los sirvientes y les dijo:

“¡pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo. Pónganle

un anillo, y también sandalias. ¡Maten el ternero más

gordo y hagamos una gran fiesta, porque mi hijo

ha regresado! Es como si hubiera muerto, y ha

vuelto a vivir. Se había perdido y lo hemos encontrado.”

Y comenzó la fiesta.

Para el padre amoroso siempre hay tiempo para recomponer las cosas. Lo más difícil ya está hecho, el hijo está aquí, de vuelta. Todo lo demás puede esperar. Ahora hay que reconfortar a este hijo. Hacerle saber que se le ama. Por eso el padre ordena que este hijo sea vestido y calzado. Pero no con lo que esté a la mano o con lo que sea. No. El padre es específico y dice que traigan lo mejor de cada cosa, la mejor prenda, el calzado y además un anillo. Ordena que se mate una ternera, la mejor y que se inicie el banquete. ¡Cómo no celebrar si este hijo a vuelto a la vida!

No faltará quien piense que el padre exageraba al decir que el hijo estaba muerto y ha renacido. Pero no es así, no es ninguna exageración. La desobediencia a los consejos de los padres conduce a sufrimiento. Esto lo vemos en la sociedad, es cosa de todos los días. La Palabra de Dios aconseja: “Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la ley de tu madre”. Pero Jesús visualiza una forma de estar muerto aun más dañina. Esa es la muerte en sentido espiritual. Recordemos que el hijo le dijo a su padre: he pecado contra Dios y contra ti. El hijo con esta frase deja muy claro que su padre lo educó también en sentido espiritual. Así que al padre más que otra cosa, lo que le preocupa es la cuestión espiritual de su hijo. Por eso el padre al ver a su hijo, no puede más que alegrarse, pues ese hijo verdaderamente ha vuelto a la vida.

El versículo 25 nos hace saber que el hijo mayor trabajaba en el campo. Cuando volvió de esta labor escuchó la música, preguntó a un sirviente sobre la razón de la fiesta. Éste le dijo que su hermano había vuelto y que su padre, contento por lo mismo, había decidido celebrar. El hijo mayor se enojó por la acción de su padre. Se enojó tanto que hasta su padre prácticamente le rogó que entrara.

Cuando se habla de esta parábola se habla mayormente de la vida disoluta del hijo menor, pero se desatiende la situación no menos grave del hijo mayor. Los pecados del primero eran más que evidentes: borrachera, fornicación. Pero los del segundo eran la soberbia y el orgullo. Pensaba que él era merecedor de todo, pues siempre había hecho cuanto le había mandado su padre y éste no se lo había reconocido. Como Jonás cuando Jehová lo envía a anunciar la condenación de los ninivitas, este hijo se siente en un escalón moral por encima de su hermano. Quizá hasta haya pensado que su hermano, tan sumergido en el pecado como estaba, no tenía remedio. Jonás lo pensaba de los ninivitas, por eso se molestó cuando supo que Jehová había “escuchado” sus lamentos y les daría otra oportunidad. En este hijo podemos ver un dejo de fariseísmo. Ellos se sentían escrupulosamente observantes de la ley. Era como si siempre “hubieran obedecido al padre” de la parábola. Aquí se ve el dilema de la ley o la fe y la gracia. No es que la ley no importe. Pero de nada vale cumplirla si se hace por deber, sin amor ni compasión. El hijo creía que todo lo merecía porque él siempre hacía… estaba en el error. Su padre lo ama no por lo que hace, sino porque es su hijo. Así nuestro Padre celestial: nos ama no por lo que hacemos, sino porque somos su creación. A nosotros nos corresponde esforzarnos por entender ese amor y vivir en armonía con él.

Pero volvamos al relato.

El hijo increpa al padre. “¡Ahora que vuelve ese hijo tuyo, después de malgastar todo tu dinero con prostitutas, matas para él el ternero más gordo!”. Nótese la soberbia del hijo mayor: tu hijo.  No dijo mi hermano, no. Dijo tu hijo, de modo despectivo. Quizá lo considera moralmente tan bajo para nombrarlo hermano.  De la abundancia del corazón habla la boca, dice la Biblia y este hijo muestra su única preocupación: el bien material despilfarrado. No pregunta si su hermano está bien. A él solo le importa el capital perdido. El padre entonces le hace ver que todo cuanto él tiene le pertenece pues ha sido obediente y leal. Pero su hermano está vivo de nuevo y eso es digno de celebrar.

Aquí de nuevo Jesús nos da una enseñanza mayor: a los que cumplen la ley se les da lo que se les ha prometido, no por mérito sino por gracia, pero antes deben ser capaces de sentir amor y mostrar misericordia. Los escribas y fariseos estudiaban la ley y la cumplían, pese a esto Jesús les profetizó que su casa les sería quitada. La razón: la dureza de corazón.

Conclusión

Con esta parábola, Jesús muestra a los fariseos y a los doctores de la ley que es más importante para Dios un pecador que se arrepiente que un grupo que se siente justo.  De hecho la Biblia dice que hay alegría en el cielo cuando un pecador se arrepiente.

Fuentes:

30 nov.. 1980, http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html. Se consultó el 16 mar.. 2017.

http://vidaesperanzayverdad.org/cambio/arrepentimiento/el-hijo-prodigo-una-parabola-con-un-significado-que-se-pasa-por-alto/. Se consultó el 16 mar.. 2017.

27 ene.. 2015, https://directors.tfionline.com/es/post/parabolas-de-jesus-el-padre-y-los-hijos-perdidos/. Se consultó el 16 mar.. 2017.

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p2_sp.html. Se consultó el 16 mar.. 2017.

5 may.. 2013, https://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/w20130515/comun%C3%ADquense-con-amor/. Se consultó el 16 mar.. 2017

 

Ejercicios teológicos

La teología no es otra cosa que el estudio de Dios. La palabra teología es de origen griego “θεος” o “theos” que significa “Dios” y “λογος” o “logos” que expresa “estudio” o “razonamiento”, en consecuencia, significa el estudio de Dios y de los hechos relacionados con Dios. La Biblia nos dice que Dios no tiene principio ni fin, el hombre estudia esas cosas de Dios a partir de que el hombre mismo fue creado. Sabemos de Dios solo una pequeña parte de todo lo que Él nos ha querido decir por medio de Su revelación en la Biblia. La teología indaga, analiza, razona. Se vale de otras herramientas como la exégesis, la hermenéutica, incluso la dialéctica para llegar al núcleo, al corazón mismo de lo que Dios nos quiere comunicar.

Los ejercicios teológicos que irán apareciendo en este blog se centrarán en las principales parábolas de Jesús. El hijo pródigo, el buen samaritano,  la de los talentos, etc. Y por último un ejercicio sobre el llamado “sermón de la montaña”.

La razón de hacer estudios sobre las parábolas es porque ellas guardan siempre enseñanzas “ocultas” como perlas. Las parábolas fueron la forma más sencilla y práctica que Jesús utilizó para hacer llegar a su auditorio grandes y profundas enseñanzas. Son fáciles de entender por todo tipo de personas, sin importar el nivel educativo o cultural. Para el que no es estudioso de la Palabra de Dios, una parábola deja un buen mensaje al final. Para el que escudriña la Escritura es un cúmulo de aprendizaje cristiano. Hay que advertir que Jesús también empleó alegorías. Así que además de las parábolas, tenemos alegorías y parábolas que también son alegorías. Las parábolas también son útiles para entender cuestiones como las de qué es lo importante: la ley o la fe. No pocas veces los fariseos y los doctores de la ley, buscaron entrampar a Jesús. Las parábolas también fueron una forma de rebatir sus malos razonamientos.

Estos contenidos han sido producto de muchas horas de estudio, investigación, reflexión y razonamiento, el único propósito para estos documentos es que sean provechosos para hombres y mujeres que como dijo Jesús “tienen conciencia de su necesidad espiritual”.

Los ejercicios teológicos serán publicados a razón de uno por semana. Se pueden leer así, directamente o con la ayuda de una copia de la Escrituras.

Algunas de las traducciones que han sido empleadas para estas investigaciones son:

Biblia de Jerusalén

Biblia Hispanoamericana versión interconfesional

Reina Valera 1960

Reina Valera Contemporánea

La Biblia de Nuestro Pueblo

Traducción del Nuevo Mundo

Traducción en Lenguaje Actual

Fuentes:
https://www.significados.com/teologia/. Se consultó el 17 mar.. 2017.

Una corporación disfrazada de religión

Con más de ocho millones de miembros, la Watchtower bien podría ser un país, tendría más de el doble de población que Uruguay, por ejemplo. Pero esos más de ocho millones de personas están repartidas por todo el mundo. Las más son personas sinceras, cuyo único anhelo es servir a Dios. Personas que dedican muchas horas al año a la predicación de la Palabra de Dios.

Cuando alguien acepta un estudio bíblico que los testigos de Jehová ofrecen de manera gratuita, se le dice que todo lo que va aprender está basado en la Biblia, aunque se emplea un libro que es una ayuda para entender los conceptos básicos. Este libro habla sobre el propósito Divino, las cosas que desagradan a Dios, la moralidad, etc. Todo con miras a que el estudiante cambie su modo de vida y lo “ajuste” al tipo de vida que a Dios le agrada, según las enseñanzas de los testigos. Se invita al estudiante a que acuda a las reuniones bíblicas de los testigos que se imparten el los llamados “salones del reino”. Así el estudiante se va relacionando con la congregación y va profundizando en sus conocimientos. Algunas veces se le sugiere al estudiante vestir de ropa formal, otras no, todo dependerá del maestro. Aunque no está condicionada la entrada a vestir formal, sí se nota una cierta presión a hacerlo.

Después de unos meses de estudio, el interesado sabe qué es lo que Dios desaprueba, si asiste ya a las reuniones, se le hará la invitación a hacerse publicador no bautizado, esto es que ya podrá acompañar a los testigos a la predicación. Para este paso el estudiante ya habrá hecho cambios evidentes en su forma de vivir, de vestir y de hablar. Si es hombre, deberá usar el cabello corto, vestir de traje en las reuniones a las cuales deberá asistir regularmente. La mujer debe usar falda en las reuniones y arreglarse de manera “modesta”. El estudiante no debe abusar del vino, no debe fumar, ni decir groserías, no debe trabajar en cosas relacionadas a un modo deshonesto de vida, como los casinos. Tampoco puede pertenecer al ejército o la policía. Todo esto porque el testigo en ciernes, debe tener franqueza de expresión. Es decir, debe vivir de acuerdo a lo que predica.

Hasta aquí todo bien. Sin duda estas cosas son bastante valiosas, incluso la comunidad suele reconocer estas cosas. El problema es a nivel directivo. La Watchtower es el clero de los Testigos de Jehová. Aunque obviamente no se reconozca así. El llamado cuerpo gobernante está formado por 7 personas que son las que dirigen “toda la obra” a nivel mundial. Aunque es una asociación religiosa, la Watchtower se anuncia como una corporación, un término un tanto más empresarial. Puede que tengan razón en hacerlo, pues tienen una obsesión por las cifras. Cuentan con exagerado esmero las horas que sus miembros dedican a la predicación, los libros y publicaciones que reparten, los estudios bíblicos que imparten. Son exageradamente controladores con las cuentas y hacen que cada congregación deposite directamente a la cuenta de la Watchtower. Prácticamente los ancianos de la congregación no tienen autonomía para llevar las cosas de la congregación, todo lo deben consultar con la sucursal, que es la representación de la Watchtower.

Al testigo de Jehová se le exige altas normas morales. En las publicaciones aparecen de manera sistemática artículos referidos a la obediencia, la sumisión, al apartarse del modo de vida que Dios odia, que incluye no ver cierto tipo de películas o escuchar cierta música. También se dice que no se debe fijar la mente en cosas materiales y se advierte sobre el uso de las redes sociales. También se recuerda que un testigo debe vestir de buen modo y de forma modesta. “Dejen de tocar la cosa inmunda”, se les recuerda a los testigos. Se llega al punto de decir que si alguien es pintor, por ejemplo, debería evitar pintar la fachada de una iglesia o templo de otra religión, pues es la cosa inmunda. Y los testigos no deben ser relacionados con la religión falsa.

Sin duda a los testigos se les exige disciplina, a los testigos de a pie, claro está. El problema es que los actos de los dirigentes no siempre van de acuerdo a lo que exigen de otros.

Hace unos días, en la red encontré algo que me sorprendió. Y no lo hallé en una página “apóstata”, como ellos le llaman a las páginas que son críticas con la Watchtower. No. Lo que llamó mi atención fue un programa juvenil llamado Game Show Social. Es un programa que se apoya en el uso de internet y de las redes sociales para su contenido. El presentador es un joven bien peinado, vestido de forma moderna. Los concursantes son jóvenes, algunos de cabello largo -hombres-. Todo esto lo hago resaltar por lo que a continuación diré. En este programa cuando van a la parte de los patrocinadores, aparecieron varias marcas… y de pronto un fondo azul claro y unas letras que decían: jw.org. Sí. La página oficial de los testigos de Jehová.

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Esta es la imagen que apareció como patrocinador del programa. Pensé que quizá sería un montaje, así que regresé el video varias veces. No era un montaje, además la voz en off decía de forma clara el sitio jw.org. Busqué otros capítulos del programa y también aparecía el sitio jw.org como patrocinador.

Más allá del gasto que se hace para patrocinar un programa de concursos. Lo que más me extraña es que la Watchtower  patrocine un programa que está lleno de los tópicos de los que exige que se alejen sus jóvenes testigos. Al testigo se le enseña que la competencia es mala, por eso no existen equipos de futbol, por ejemplo, entre congregaciones. Se les dice que no amen al mundo, ni lo que hay en el. Yo pregunto ¿acaso un programa de concursos, que da obsequios no nos invita a amar al mundo, entonces por qué patrocinarlo?

Volviendo al ejemplo del pintor. Si este testigo que trabaja de pintor y quizá es empleado de alguien más, y se le manda a pintar la fachada de una iglesia, debe hacer un esfuerzo y ser “leal” a Jehová -según la Watchtower-, renunciando al empleo, así no lleve el sustento a su casa, pues no quiere tocar la “cosa inmunda”. Si este abnegado hermano se abstiene ¿por qué la Watchtower no, y hace todo lo contrario a lo que exige?

Porque aparte de todo, aquí nadie puede cuestionar nada, pues si lo hace, se le considera apóstata, pues tiene el espíritu del mundo y no respeta al “conducto que Dios designó”. Entiéndase a los 7 miembros de la Watchtower.

Si la Watchtower de vale de patrocinios en programas de este tipo, censurables desde su óptica ¿para qué presiona a sus miembros a que salgan a predicar?

Hace tiempo que esta religión en realidad se comporta más como una empresa global, como una corporación.

Por último dejo unos capítulos del programa e cuestión, que son los que sustentan lo que he escrito.

No sin antes advertir que mi crítica es a la cúpula gobernante de la Watchtower y no a los miembros de a pie, de los cuales doy fe que son gente honesta y sincera, que como lo dije, solo buscan servir a Dios.

Más información

La Iglesia samaritana y el principio-misericordia. Jon SOBRINO

Este documento apareció originalmente en la Revista Latinoamericana de Teología. Es un estudio importante sobre qué implica ser misericordioso. Jon Sobrino explica que es ir más allá de desprenderse de unas simples monedas, como la caridad “tradicional” que conocemos. La verdadera misericordia es como Dios la concibe: rechazar la injusticia y buscar la equidad.

El documento para su descarga aparece en el siguiente enlace en formato epub:

La iglesia samaritana y el principio misericordia. Jon Sobrino

La justicia de Dios, según Marx

Podemos seguirle el juego a Marx y los marxistas. Hacer como ellos dicen y quitar esa “helenización”  de la que fue presa el cristianismo. También podemos emplear la dialéctica para ir descubriendo las huellas de lo que es el propósito de Dios, sus razones.

Si lo hacemos, iremos reconociendo a un Dios que en todo momento se apiada del pobre, del oprimido. Desde el pueblo hebreo liberado de la esclavitud egipcia, hasta el retorno de los cautiverios diversos, y hasta la promesa de un reino de justicia venidero. A través de toda esa historia bíblica se nos muestra además un Dios muy activo, que obra en favor de los suyos. Este Dios es muy distante, sin duda, del Dios helenizado, providencial, cuyos “caminos son inescrutables”. 

Pero la cosa no es tan sencilla de hallar, como todo lo que vale la pena, hace falta trabajo, esmero. Porque habrá que hacer exégesis, hermenéutica, dialéctica, para ir labrando ese conocimiento que será teología. 

Porque las justicia de Dios, la real, no es que vendrá y pondrá castigo al que lo merece. Como si mereciéramos un castigo por una imperfección de la que no somos culpables, que la heredamos gracias a la desobediencia de otros. No. Esa no es la justicia de Dios. La justicia de Dios es la que hace “suelos” parejos y elimina los abusos; la que quita a los humanos el deseo egoísta y los ayuda a entender que el semejante, al ser creación de Dios, como él mismo, es su hermano, parte de él, por esa razón. 

Por eso vino Cristo a la tierra a anunciar el Reino de Dios… y su justicia. Y ambos, Reino y justicia, fueron declarados al pobre, al de espíritu y al hambriento. Pero para que este Reino venga, antes tiene que reconciliarse la humanidad, perdonarse y amarse. Esto es lo que enseñó Jesús. No el que yace triste en cada imagen que la tradición venera. Sino el Jesús a “ras de tierra”.  El humano impetuoso, el  decidido, sabedor de que es portador de la misión más noble y generosa. La ecuación es fácil de entender : la humanidad se ama, Cristo la ama por ello, y Dios porque su hijo la ama, también la ama.

Nadie viene al Padre, si no es por mí, advirtió Jesús.

Los Hechos de los Apóstoles nos narran que al inicio del cristianismo, los hombres, mujeres y niño de la nueva fe, se juntaban para compartir lo que tenían. Pero iban más allá. Los que tenían posesiones, las vendían y ese dinero era repartido para que nada tuviera carencia. Cada quien saque sus conclusiones si eso pudiera ser catalogado en nuestros tiempos como una especie de marxismo o no.

El marxismo, sus técnicas de investigación y análisis deben emplearse como herramientas para investigaciones teológicas, porque nos ayudan a saber cómo eran los tiempos pasados, en sentido económico, político, social, etc. No debe caerse en el error de verlo, como aquello que no es, como una religión. 

Cristo nos confronta

Por amor, Cristo nos levanta y sacude, nos atrae para él, nos sacude el letargo que tenemos como polvo alojado, esa pereza egoista del interés únicamente personal. Ya no seremos para nosotros, sino para él. No es que no nos importemos, claro, nadie puede amar a alguien más si no se ama antes a sí mismo. La diferencia está en que seremos capaces de amar a los demás y no solo a nosotros. Jesús ya no es ese hombre doliente que está muriendo a manos de los soldados romanos. No. Ya es el caudillo que está llevando a cabo la liberación más grande que nadie haya hecho jamás. Por eso con su voz nos confronta, hace que nos cuestionemos, qué fuímos, qué somos, qué seremos. ¿Dejaremos la comodidad de lo que creemos ganado? No se necesitan grandes riquezas para ser egoista. Se puede ser egoista si no se comparte un poco del único pan que tengamos.  También se es egoista si “escondemos el talento” y decimos: yo no le hago mal a nadie, soy un buen ciudadano, pago mis impuestos. Eso, sin duda, merece un reconocimiento por ciudadano ejemplar. Pero el ser cristiano implica muchas otras cosas, porque Cristo siempre es más. Quien se porta bien, lo hace porque así lo ordena la ley humana o si no va a la cárcel. Pero, puesto que Jesús no impone leyes, espera todo, sí, por amor, por amor resuelto y decidido. Amor valiente, que no se retrae, ni espera ocasión idónea. Todo momento, todo tiempo es el mejor. Dios ama en todo tiempo.

Cristo nos confronta para que nos demos cuenta de lo que somos y lo que podemos llegar a ser por medio del espíritu de Dios.

Fuimos liberados para amar en libertad.

Abusar de la fe

Mientras mi esposa y yo comprábamos unas cosas escuchamos una plática entre unos tenderos y una cliente. El diáologo iba más o menos así:

Cliente: la verdad, los que más ayudan son los mormones.

Tendero: Sí es cierto.

Cliente: Cuando uno va con ellos, luego luego le dan a uno una despensa. Como a las dos semanas va el obispo a la iglesia y te bautiza. Y te ayudan poniéndote un negocio. La verdad aquí sí conviene.

Tendero: Sí. Ellos soy muy distintos que los cristianos o los testigos de Jehová. Los católicos, esos de plano no dan nada. La verdad, los mormones sí ayudan.

Cliente: Sí. Y con ellos todo es más sencillo, no hay que estudiar mucho, todo te lo dicen más sencillo. Que hay que amar al padre celestial y ya.

Si este es el “método” de predicación de los mormones, no es de extrañar el gran crecimiento que han tenido en años recientes… el problema es que no predican el evangelio de Cristo sino el de Mammón, el dios de la riqueza, del materialismo. Un predicador mayormente debe brindar el mensaje de esperanza y consuelo de Cristo, si está en su mano y la persona lo requiere -que esté en situación precaria- deberá brindar alimento o cualquier otro tipo de ayuda… pero debe saber discernir el predicador si la persona tiene interés en su predicación o solo en el bien material. Como lo hizo Cristo cuando percibió que la multitud solo lo seguía porque los alimentaba. Cuando los notó hambrientos, claro que los alimentó, pero al ver que su interés era meramente material, se apartó de ellos.

No solo el que posee riquezas cae en la trampa del materialismo, también lo puede hacer el pobre que ve en las religiones una forma de obtener ganacias.

También las iglesias caen en un error grave al poner por delante de su predicación los bienes materiales. Cristo no prometió riquezas al que lo siguiera, sino una nueva vida. Estas iglesias que anteponen lo material, en realidad se parecen más a un partido político, ansiosos por tener más militantes. Estas iglesias por más que digan que su mensaje es el de Dios, no hacen más que evidenciar que sus intereses son bastante terrenales, desean poder. El camino de la salvación es angosto. Qué diferente.

Sobre la misericordia y como esta debería ser desligada de la predicación, me referiré en otra publicación

Elogio de la sencillez

¿Cómo debería ser la vestimenta de los predicadores? Imaginemos cómo sería la de Cristo y sus discípulos. Jesús, hijo de carpintero y sus discípulos, pesacadores, pastores, etc. Sin duda, el atuendo era sencillo. Y esta sencillez crsitiana contrasta con las vestimenta de algunos predicadores de nuestros tiempos.

Si lo importante es el mensaje, la ropa no debería sobresalir más que el evangelio que pretendemos comunicar. La labor del predicador es traer a la imaginación del público las palabras de Cristo, dichas hace casi dos mil años… pero de la misma manera sencilla y profunda que él lo hizo. Al final de cuentas a lo que aspiramos es a ser imitadores de Jesús. Muchas veces nos preguntamos por qué nuestra predicación no es tan efectiva, sabemos que algo nos falta, pero no sabemos qué. Pero le respuesta la tenemos tan cerca: nos falta sencillez. Así como un discurso lleno de palabras “cultas” se hace de difícil comprensión para la mayor parte de las personas, un atuendo ostentoso o demasiado formal creará una barrera o distancia entre el oyente y nosotros.

Hay muchas religiones que se empeñan en dar una buena impresión. Ponen como regla a sus miembros vestir de traje en sus actividades religiosas y en la predicación. Cuando se les pregunta la base bíblica para tal acción, responden que “no hay una base bíblica como tal, pero hay que dar una buena impresión”. Esta respuesta lleva algo de verdad y algo de mentira. La verdad está en que claro, somos portadores de la palabra de Dios y debemos hacerlo de forma digna. Pero la mentira está en que la dignidad dependa de nuestra ropa. Si así fuera, más de la mitad de los profetas del antiguo Israel quedaría desacreditado. El mismo Juan el Bautista, que era una especie de asceta, no calificaría para los altos estándares que estas religiones-corporaciones exigen de sus miembros.

Al menos en Latinoamérica, es difícil que el predicador trajeado, como si fuera gerente de algún banco o empresa multinacional conecte con la población sencilla de los países en vías de desarrollo. En un hombre trajeado, las personas del subcontinente no ven a un seguidor de Cristo, más bien identifican a un político -corrupto las más de las veces-, a un empresario, al cobrador, al banquero que nunca le dará un crédito… pero no al Cristo que caminó con los pobres, que alimentó a las muchedumbres hambrientas, que lavó los pies en gesto de humildad, que consoló al sufriente y rescató a la prostituta de ser apedreada.

Quizá algunos vean en estos predicadores trajeados a los miembros del Sanedrín, pulcramente vestidos, cuidadosos de su higiene hasta lo inconmensurable.

Las sandalias del pescador de hombres, llenas de polvo y gastadas, son contrarias a los mocasines bien lustrados de los predicadores trajeados.