La justificación

Me gusta volver a cada tanto al asunto de la justifiación porque creo que es la primera cosa que todo cristiano de nivel básico a intermedio -en cuanto a conocimientos-, debería conocer y, lo más importante, entender.

La justifiación es el epicentro del debate permanente entre las obras y la fe. Algunos defienden una postura y otros otra. La realidad es que no deberíamos estar desgastándonos en un tema que con un  poco de razonamiento y buen criterio, podríamos comprender y zanjar facilmente. ¿El creyente se salva por las obras o por la fe? Veamos.

El antiguo pueblo de Israel estaba  sujeto al pacto de la ley. Ese fue su acuerdo con Dios: mientras ellos cumplieran con sus mandatos, prosperarían como nación. Y así fue. Pero si dejaban de cumplir esa ley, Dios quitaría su protección de ellos y sufrirían, por la invasión de otras naciones, por hambrunas y sequías. Dios se “apartaría” de ellos por su infidelidad. Cabe agregar que el pacto de la ley había sido aceptado por la “entera asamblea”, no era individual. Y tampoco este pacto ofrecía la esperanza de la vida eterna.

Cristo dijo: les doy un nuevo pacto. ¿Cuál era ese pacto? El pacto del amor. Así de simple y de profundo a la vez. Este pacto convoca a todo aquel que así lo disponga a cambiar la forma de pensar. A entender que las cosas se pueden hacer por amor, por desinterés y NO movidos por la OBLIGACIÓN de una ley, que además era imposible de cumplir en su totalidad. Por eso Pablo decía y con sobrada razón, que esa ley “esclavizaba”.  Muy diferente y refrescante el nuevo pacto. El amor no impone nada, porque con el ejemplo enseña. Dios nos enseñó, nos enseña a amar. Cristo nos abre el panorama con su ministerio para poder comprender a plenitud hasta dónde puede llegar la bondad y la misericordia. Por eso cabe preguntarse ¿Si Dios y su hijo han hecho una gran labor en todo su amor por nosotros, qué más podemos hacer nosotros, pequeños hombres pecadores? La respuesta es contundente: NADA. No podemos hacer nada. De hecho, intentar o siquiera pensar que nuestras obras nos salvan, es desconocer al Cristo. Esto lo advierte Pablo en Gálatas y Romanos. La fe, la relación con Dios por medio de su hijo, el perdón de los pecados, la esperanza de vida eterna y la justifiación son por gracia. Y gracia significa GRATIS. Si las obras salvaran no hubiera habido necesidad de que Cristo viniera a ofrendar su vida. Por el contrario, puesto que el hombre no es capaz de solventar su vida por él mismo, es que necesita el rescate que el sacrificio de Cristo le ofrece. Pero como el agua del pozo en el que Cristo y la samaritana platicaron, nadie debe pagar nada… porque nadie tiene algo más valioso o que se equipare a la bondad de Dios y a la vida de su hijo.

Así que la justifiación, que no es otra cosa que aquel que Dios considera justo o de su agrado, no es por obra humana.

Claro y que nadie se confunda, que nuestras obras no se requieran para recibir esta gracia, no nos da carta abierta para hacer la maldad. Pues no estaríamos mostrando amor a Dios ni a nuestro prójimo. No. Es por ese amor y bondad  que nuestro corazón se transforma, que está dispuesto a cambiar a vivir ya no para sí, sino para servir a su Creador. Y que, como imperfecto que es, si peca, no se atormente, sino que se arrepienta y se sane y se ponga de pie nuevamente.  La carga de Cristo por medio del nuevo pacto es “suave y ligera”.

 

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El fariseo y el recaudador de impuestos

El siguiente ejercicio teológico está basado en la llamada Parábola del Fariseo y el Recaudador de Impuestos, que aparece en el evangelio de Lucas, capítulo 18 versículos del 09 al 14.

Una primera mirada a esta parábola

En esta parábola tenemos a dos personajes centrales: el fariseo y el recaudador de impuestos. Dos polos opuestos, nada tan contrario y enfrentado como la personalidad de estos dos personajes. Ambos dentro del templo, que es la casa simbólica de Dios en la tierra. Esto quiere decir que han acudido a la observación y al juicio de Él. A ojos y entendimiento humanos, ya sabemos cuál, a nuestro juicio, será recompensado y cuál merecerá reprensión. Pero Jesús quiere que los presentes no se limiten al razonamiento humano, sino que sean capaces de vislumbrar el amor, la gracia y la bondad de Dios.

Desarrollo del relato

Antes de adentrarnos en el relato, es conveniente que definamos bien lo que era un fariseo y un recaudador de impuestos. Un fariseo en el primer siglo era un miembro del partido judío del mismo nombre, que en hebreo significa “separar”. Así, podemos entender que estos hombres se “separaban” del resto de los judíos para el servicio a Dios, que comprendía el estudio de la ley, su interpretación y la enseñanza y explicación de la misma en las sinagogas. Los fariseos eran el partido dominante y esto hacía que su manera de interpretar la ley predominara entre el pueblo judío. Cabe señalar que los fariseos eran sumamente ortodoxos en su defensa de la ley. Por otro lado, los recaudadores de impuestos eran personas consideradas como sumamente pecadoras. Llevaban una vida de excesos, se emborrachaban, convivían con prostitutas y gentiles. Puede entenderse que incumplían prácticamente todos los mandamientos de la ley. Pero había algo más: los recaudadores de impuestos servían al imperio romano que tenía bajo su dominio a los judíos, luego entonces estos personajes eran vistos como traidores.

Quizá en el momento en que Jesús está hablando hay doctores de la ley presentes, o simplemente personas escrupulosas, porque Lucas advierte que a ellos es a los que dirige esta parábola. La Nueva Traducción Viviente dice que estas personas no solo se sentían demasiado justas, sino que además menospreciaban a los demás. Pensaban que como ellos no se hallaban pecado alguno, tenían el derecho de ponerse un peldaño arriba moralmente hablando y desde esa superioridad ver con desprecio a los demás.

Jesús relata que dos hombres entraron al templo de Dios a orar. Los dos se apartan del resto de los presentes, pero por razones muy distintas. El fariseo lo hace desde la soberbia, lo hará notar en las frases de su oración. El recaudador de impuestos en cambio, se aparta porque se siente “sucio”, no merecedor de estar allí. Es tanta la pena de este hombre, que mientras ruega a Dios por compasión, no levanta la mirada. En cambio el fariseo tiene el pecho erguido, y el rostro arriba, tanto que le ha permitido observar al auditorio y al recaudador de impuestos. En ese mirar se ha comparado con todos ellos y a su juicio, se ha calificado con mejor nota que todos ellos. ¡Y cómo no iba a ser así! si él no engañaba, no pecaba y no cometía adulterio, como sí lo hacía el recaudador de impuestos. Además de que ayunaba, muy distinto a las conductas glotonas del otro. También daba su diezmo de forma puntual. Como puede verse, este hombre no se asumía pecador ni digno de compasión. Este hombre agradecía por estar libre de pecado. El recaudador en su dolor golpeaba su pecho, seguramente lloraba mientras pedía misericordia, pues se sabía pecador. No enumeró las cosas que había hecho mal, porque sabía perfectamente que Dios ya conocía todas estas cosas, por eso venía a pedir perdón. Jesús culmina el relato diciendo que este recaudador de impuestos es el que fue justificado por Dios y no el fariseo. Sabiendo este veredicto ¿podríamos concluir que Dios acepta el pecado?

La respuesta es un contundente no. Dios no se contenta con el pecado, pero tampoco es lo más importante para Él, como tampoco lo es el observar la ley de la manera en que este fariseo lo hacía. La clave la da Jesús cuando dice que el que es humilde y se humilla ante Dios es el que será justificado por Él. El fariseo fue aprobado por Dios porque reconoció sus debilidades y pidió perdón a Dios. No soy digno de estar ante ti, dijo este hombre y conmovió el corazón de Dios. En cambio el fariseo no fue humilde ni fue capaz de mostrar sentimiento alguno a Dios.

Conclusión

Los cristianos muchas veces pensamos que si observamos la ley “seremos merecedores de la vida eterna”. Nos olvidamos de la gracia de Dios y del sacrificio redentor de Jesús. Cierto es que este rescate no nos da carta abierta para pecar, de hecho, hacerlo deliberadamente no estaría demostrando que amamos a Dios. Pero no está en la obediencia de la ley ni en el esfuerzo humano la salvación. Nada de lo que hagamos nos hace merecedores de nada, porque no somos quienes nos otorgamos la salvación, sino Dios en su bondad. Pensar otra cosa es, como decía Pablo, asumir que no necesitábamos a Jesús y que éste murió en vano.

Los cristianos debemos ser humildes como Jesús y ser felices haciendo la voluntad de Dios, pero por amor y no por obligación, no como un deber, nunca como costumbre. Deberemos evitar a toda costa mirar a los demás con el desprecio que lo hacía el fariseo. Como vimos, la separación del fariseo fue muy distinta  de la del recaudador de impuestos. Hoy esta separación también puede darse. Vemos lo que se “separan” para abnegadamente servir a Dios, para atender enfermos o cuidar huérfanos. Esta separación es positiva, llena de humildad. Pero también hay separaciones un tanto farisáicas. Por ejemplo, si pensamos que nuestra religión es la única y verdadera, nos estamos separando de todos aquellos que confiesan a Cristo como salvador, toda vez que Jesús no estableció religión alguna sino un modelo de fe. Este tipo de separaciones no excluye de la convivencia con otros y además nos priva de enriquecernos del conocimiento y experiencias de otros. Los cristianos debemos tener muy presente siempre que no seremos justificados por nosotros sino a pesar de nosotros. Aquellos que se separan de sus hermanos, porque piensan que “no son tan correctos como ellos”, en realidad están dividiendo la casa de Dios. Pensar que somos el único conducto de Dios es fariseismo puro.

Traducciones:

Nueva Traducción Viviente

Reina Valera Contemporánea

Biblia Hispanoamericana Interconfesional

Referencias

The Free Encyclopedia. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://wikipedia.com/

Read the Bible. A free Bible on your phone, tablet, and computer. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://bible.com/

Sitio oficial de los testigos de Jehová. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://jw.org/es

Teología sobre la parábola del hijo pródigo

Teología sobre la parábola del hijo pródigo

 

Para el siguiente estudio se han empleado las traducciones: Biblia de Jerusalén, Traducción en Lenguaje Actual y La Biblia de Nuestro Pueblo. La parábola del hijo pródigo aparece en el evangelio de Lucas capítulo 15:11-32.

Introducción

La llamada Parábola del Hijo Pródigo es uno de los pasajes más hermosos de los que podemos hallar en el evangelio de Lucas. Nos ofrece una ilustración sobre el materialismo, la debilidad, el perdón y la redención. Además de una gran lección de amor. La misericordia —tal como Cristo nos la ha presentado en la parábola del hijo pródigo— tiene la forma interior del amor, que en el Nuevo Testamento se llama agapé. Esta parábola ha sido empleada innumerables veces, incluso por personas que no manifiestan fe en Cristo, ya que es mucho lo que se puede extraer de ella.

Al inicio del capítulo 15 del evangelio de Lucas se nos muestra la situación bajo la que Jesús relatará la llamada Parábola del Hijo Pródigo: Los recaudadores de impuestos y los pecadores, en los que pueden caber desde los ladrones hasta las prostitutas, están atentos a escuchar lo que Jesús está a punto de decir. También hay entre el auditorio algunos fariseos y doctores de la ley. Pero estos no están expectantes a lo que Jesús dirá, sino más bien murmuran y se sorprenden porque Jesús atiende a pecadores y come con ellos. La acusación de los fariseos y los escribas preparó el escenario para tres parábolas (la tercera de ellas fue la del hijo pródigo), en las que Jesús les enseña a estas autoridades judías y a nosotros en la actualidad, cómo trata Dios con los pecadores.

Es de esta tercera parábola de la que nos vamos a ocupar.

Los personajes principales de este pasaje son tres: el padre, el hijo menor y el hijo mayor. Del padre se nos permite saber que era un hombre rico, de lo que se desprende que toda su vida había trabajado empeñosamente hasta acumular una gran riqueza, tan grande que aún y cuando el hijo menor le pide que le entregue la parte que en herencia le corresponde, el padre no queda en carestía. También podemos discernir que era un hombre muy generoso, pues los jornaleros tenían pan en abundancia, según leemos en el versículo 17. En el hijo menor vemos el ejemplo claro del hijo que fue educado con principios y consejos sabios -se notará esta educación cuando después del sufrimiento y el hambre, producto de su mala cabeza, vengan la pena y la culpa por haber fallado a su padre- y a pesar de ello, toma muchas malas decisiones. El hijo mayor fue educado al igual que el menor, con sabiduría y esmero. Se le enseñó a trabajar y a administrar la riqueza. Este hijo, aunque ha sido obediente y no ha hecho algo para que su padre sufra, sí tendrá que aprender una gran lección.

Jesús relata que un día el hijo menor se acerca al padre y le pide le entregue lo que le corresponde como herencia. El padre hace de acuerdo a lo que el hijo le pide. La respuesta del padre, que accede no solo a darle al hijo menor su parte de la herencia, sino también el derecho a venderla, debió de parecerles inconcebible a los que oyeron la parábola. Pero hay que decir que el padre era un hombre sabio y el hijo no era un niño o adolescente, aún y cuando se le trate en el relato como el “menor”. Aquí vemos dos cosas, la primera es que el padre confiaba en el hijo y en la forma en cómo lo había educado. Y segundo, el padre respetó el libre albedrío del hijo. Así que confiando en el buen juicio de éste, reparte la herencia. No lo cuenta Jesús, pero quizá el hijo tuvo una buena idea o negocio en el cual invertir esa herencia. Incluso el hijo pudo haberlo planteado al padre y éste creer que era una buena oportunidad. O quizá se dejó llevar por los consejos frívolos de falsos amigos. El caso es que este heredero va a un país lejano, en el que no hace otra cosa que despilfarrar la riqueza que le fue entregada. Este hijo insensato se olvida de su familia, de su padre y se dedica a andar en fiestas y borracheras, convive con prostitutas hasta quedar en la pobreza. Pero esta pobreza se hace más intensa porque al lugar en el que reside le viene una situación crítica. Lo que en estos tiempos conocemos como una crisis económica. Este hijo pasa, sin duda, por momentos muy tristes.  Aunque había trabajado, siempre lo había hecho en la propiedad de su padre. Ahora no le queda de otra, si quiere comer, tendrá que ir a buscar un trabajo, cosa difícil en un país en carestía.

El hijo halla el trabajo más humilde que puede haber: alimentar a los cerdos. Esta parte se presta para distintos significados. Hay que recordar que Jesús está hablando a un auditorio mayormente judío. Ningún judío comía cerdo pues la ley mosaica les enseñaba que era un animal impuro. El contacto con estos animales les era repugnante. Así que el tener este contacto con los cerdos, nos da a entender hasta qué grado había caído económica y moralmente este hijo. Al cuidar a los cerdos, siente envidia de ellos, así de impuros como son, porque al menos ellos tienen qué comer pues su amo dispone de empleados para que los alimenten. En cambio él, extranjero en esta tierra, no parece importarle a nadie. Si pasa hambre o frío, si siente soledad, nadie le da consuelo.

Es entonces cuando recuerda la vida que se vive en las tierras de su padre. Muy distinta a la de aquí, en la que todo es pobreza. Allá los jornaleros tienen más pan del que pueden comer. ¡Qué distinto a él!

Es así como toma la decisión de hacer el camino de vuelta, pero sabe que ahora es una situación distinta. Ha actuado de forma egoísta e imprudente. Sabe que su padre ha estado triste y preocupado todo este tiempo por él. El llamado hijo pródigo emplea una frase clave en el versículo 18: me pondré en camino a casa de mi padre. Para los cristianos volver  casa del Padre es reajustar la vida, alejarse del pecado, arrepentirse de esa vida y pedir perdón. Al designar a Dios con el nombre de “Padre”, el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y autoridad transcendente y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos. Es decir, es autoridad y amor a la vez. Por eso que el hijo diga “volveré a la casa de mi padre”, significa que aceptará el error, dejará de hacerlo, pedirá perdón y atenderá la amonestación… pero también, gustosamente esperará el abundante amor de parte del padre.

El padre, se nos dice en el relato, no espera a que el hijo llegue y pida perdón, no. El padre, al igual que el celestial, está presto a manifestar su amor, por una razón que más adelante se nos hace saber. No ha dicho una sola palabra el hijo, cuando el padre ya lo abraza y lo besa. Tanta bondad desconcierta al hijo, pero éste pide perdón a su padre por haber ofendido a Dios y a él. ¡Ya no merezco llamarme tu hijo! dice el hijo apesadumbrado.

Y justo aquí inicia la gran lección de amor que Jesús quiere comunicar.  La Traducción en Lenguaje Actual en los versículos 22-25 nos dice :

Pero antes que el muchacho terminara

de hablar, el padre llamó a los sirvientes y les dijo:

“¡pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo. Pónganle

un anillo, y también sandalias. ¡Maten el ternero más

gordo y hagamos una gran fiesta, porque mi hijo

ha regresado! Es como si hubiera muerto, y ha

vuelto a vivir. Se había perdido y lo hemos encontrado.”

Y comenzó la fiesta.

Para el padre amoroso siempre hay tiempo para recomponer las cosas. Lo más difícil ya está hecho, el hijo está aquí, de vuelta. Todo lo demás puede esperar. Ahora hay que reconfortar a este hijo. Hacerle saber que se le ama. Por eso el padre ordena que este hijo sea vestido y calzado. Pero no con lo que esté a la mano o con lo que sea. No. El padre es específico y dice que traigan lo mejor de cada cosa, la mejor prenda, el calzado y además un anillo. Ordena que se mate una ternera, la mejor y que se inicie el banquete. ¡Cómo no celebrar si este hijo a vuelto a la vida!

No faltará quien piense que el padre exageraba al decir que el hijo estaba muerto y ha renacido. Pero no es así, no es ninguna exageración. La desobediencia a los consejos de los padres conduce a sufrimiento. Esto lo vemos en la sociedad, es cosa de todos los días. La Palabra de Dios aconseja: “Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la ley de tu madre”. Pero Jesús visualiza una forma de estar muerto aun más dañina. Esa es la muerte en sentido espiritual. Recordemos que el hijo le dijo a su padre: he pecado contra Dios y contra ti. El hijo con esta frase deja muy claro que su padre lo educó también en sentido espiritual. Así que al padre más que otra cosa, lo que le preocupa es la cuestión espiritual de su hijo. Por eso el padre al ver a su hijo, no puede más que alegrarse, pues ese hijo verdaderamente ha vuelto a la vida.

El versículo 25 nos hace saber que el hijo mayor trabajaba en el campo. Cuando volvió de esta labor escuchó la música, preguntó a un sirviente sobre la razón de la fiesta. Éste le dijo que su hermano había vuelto y que su padre, contento por lo mismo, había decidido celebrar. El hijo mayor se enojó por la acción de su padre. Se enojó tanto que hasta su padre prácticamente le rogó que entrara.

Cuando se habla de esta parábola se habla mayormente de la vida disoluta del hijo menor, pero se desatiende la situación no menos grave del hijo mayor. Los pecados del primero eran más que evidentes: borrachera, fornicación. Pero los del segundo eran la soberbia y el orgullo. Pensaba que él era merecedor de todo, pues siempre había hecho cuanto le había mandado su padre y éste no se lo había reconocido. Como Jonás cuando Jehová lo envía a anunciar la condenación de los ninivitas, este hijo se siente en un escalón moral por encima de su hermano. Quizá hasta haya pensado que su hermano, tan sumergido en el pecado como estaba, no tenía remedio. Jonás lo pensaba de los ninivitas, por eso se molestó cuando supo que Jehová había “escuchado” sus lamentos y les daría otra oportunidad. En este hijo podemos ver un dejo de fariseísmo. Ellos se sentían escrupulosamente observantes de la ley. Era como si siempre “hubieran obedecido al padre” de la parábola. Aquí se ve el dilema de la ley o la fe y la gracia. No es que la ley no importe. Pero de nada vale cumplirla si se hace por deber, sin amor ni compasión. El hijo creía que todo lo merecía porque él siempre hacía… estaba en el error. Su padre lo ama no por lo que hace, sino porque es su hijo. Así nuestro Padre celestial: nos ama no por lo que hacemos, sino porque somos su creación. A nosotros nos corresponde esforzarnos por entender ese amor y vivir en armonía con él.

Pero volvamos al relato.

El hijo increpa al padre. “¡Ahora que vuelve ese hijo tuyo, después de malgastar todo tu dinero con prostitutas, matas para él el ternero más gordo!”. Nótese la soberbia del hijo mayor: tu hijo.  No dijo mi hermano, no. Dijo tu hijo, de modo despectivo. Quizá lo considera moralmente tan bajo para nombrarlo hermano.  De la abundancia del corazón habla la boca, dice la Biblia y este hijo muestra su única preocupación: el bien material despilfarrado. No pregunta si su hermano está bien. A él solo le importa el capital perdido. El padre entonces le hace ver que todo cuanto él tiene le pertenece pues ha sido obediente y leal. Pero su hermano está vivo de nuevo y eso es digno de celebrar.

Aquí de nuevo Jesús nos da una enseñanza mayor: a los que cumplen la ley se les da lo que se les ha prometido, no por mérito sino por gracia, pero antes deben ser capaces de sentir amor y mostrar misericordia. Los escribas y fariseos estudiaban la ley y la cumplían, pese a esto Jesús les profetizó que su casa les sería quitada. La razón: la dureza de corazón.

Conclusión

Con esta parábola, Jesús muestra a los fariseos y a los doctores de la ley que es más importante para Dios un pecador que se arrepiente que un grupo que se siente justo.  De hecho la Biblia dice que hay alegría en el cielo cuando un pecador se arrepiente.

Fuentes:

30 nov.. 1980, http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html. Se consultó el 16 mar.. 2017.

http://vidaesperanzayverdad.org/cambio/arrepentimiento/el-hijo-prodigo-una-parabola-con-un-significado-que-se-pasa-por-alto/. Se consultó el 16 mar.. 2017.

27 ene.. 2015, https://directors.tfionline.com/es/post/parabolas-de-jesus-el-padre-y-los-hijos-perdidos/. Se consultó el 16 mar.. 2017.

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p2_sp.html. Se consultó el 16 mar.. 2017.

5 may.. 2013, https://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/w20130515/comun%C3%ADquense-con-amor/. Se consultó el 16 mar.. 2017

 

Ejercicios teológicos

La teología no es otra cosa que el estudio de Dios. La palabra teología es de origen griego “θεος” o “theos” que significa “Dios” y “λογος” o “logos” que expresa “estudio” o “razonamiento”, en consecuencia, significa el estudio de Dios y de los hechos relacionados con Dios. La Biblia nos dice que Dios no tiene principio ni fin, el hombre estudia esas cosas de Dios a partir de que el hombre mismo fue creado. Sabemos de Dios solo una pequeña parte de todo lo que Él nos ha querido decir por medio de Su revelación en la Biblia. La teología indaga, analiza, razona. Se vale de otras herramientas como la exégesis, la hermenéutica, incluso la dialéctica para llegar al núcleo, al corazón mismo de lo que Dios nos quiere comunicar.

Los ejercicios teológicos que irán apareciendo en este blog se centrarán en las principales parábolas de Jesús. El hijo pródigo, el buen samaritano,  la de los talentos, etc. Y por último un ejercicio sobre el llamado “sermón de la montaña”.

La razón de hacer estudios sobre las parábolas es porque ellas guardan siempre enseñanzas “ocultas” como perlas. Las parábolas fueron la forma más sencilla y práctica que Jesús utilizó para hacer llegar a su auditorio grandes y profundas enseñanzas. Son fáciles de entender por todo tipo de personas, sin importar el nivel educativo o cultural. Para el que no es estudioso de la Palabra de Dios, una parábola deja un buen mensaje al final. Para el que escudriña la Escritura es un cúmulo de aprendizaje cristiano. Hay que advertir que Jesús también empleó alegorías. Así que además de las parábolas, tenemos alegorías y parábolas que también son alegorías. Las parábolas también son útiles para entender cuestiones como las de qué es lo importante: la ley o la fe. No pocas veces los fariseos y los doctores de la ley, buscaron entrampar a Jesús. Las parábolas también fueron una forma de rebatir sus malos razonamientos.

Estos contenidos han sido producto de muchas horas de estudio, investigación, reflexión y razonamiento, el único propósito para estos documentos es que sean provechosos para hombres y mujeres que como dijo Jesús “tienen conciencia de su necesidad espiritual”.

Los ejercicios teológicos serán publicados a razón de uno por semana. Se pueden leer así, directamente o con la ayuda de una copia de la Escrituras.

Algunas de las traducciones que han sido empleadas para estas investigaciones son:

Biblia de Jerusalén

Biblia Hispanoamericana versión interconfesional

Reina Valera 1960

Reina Valera Contemporánea

La Biblia de Nuestro Pueblo

Traducción del Nuevo Mundo

Traducción en Lenguaje Actual

Fuentes:
https://www.significados.com/teologia/. Se consultó el 17 mar.. 2017.

Reina Valera 1960 español descarga

La Reina Valera revisión de 1960 es la Biblia más leída en español, se le conoce como la “reina de las Biblias” precisamente por su extensa difusión y aceptabilidad. El texto en el que se basa su traducción es en el llamado Códice Receptus, lo que la hace un tanto ineficiente en comparación con otras traducciones que se basan en documentos mucho más antiguos. Con todo, esta versión es sumamente hermosa por la manera en que emplea el lenguaje. La descarga de Reina Valera 1960 es un módulo para el programa para Android, Mysword. De click en el siguiente enlace:

Reina Valera 1960 descarga

Mysword, para el estudioso bíblico

Mysword es la versión para móviles y tabletas del excelente núcleo E sword para equipos de escritorio. Mysword tiene versiones tanto para IOS como para Android. En IOS en forma de pago y en Adroid gratis y sin anuncios una vez instalado.

En Mysword podemos tener una gran variedad de versiones de la Biblia, así como diccionarios, enciclopedias y ayudas para un mejor estudio de la Palabra Divina. No está demás decir que este programa es ecuménico. La instalación de cualquier versión de la Biblia -módulo- es fácil, se conecta el equipo a la computadora, se busca la carpeta “bibbles” y se copia el módulo. Es todo. La nueva versión de la Biblia aparecerá en cuanto abramos Mysword.

En la web hay muchas páginas en las que se pueden descargar módulos de Biblias, diccionarios, etc. Aquí en Escrituras a Fondo irán apareciendo en publicaciones próximas.

Por lo pronto aquí está el enlace para la descarga gratuita de Mysword:

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Cristo nos confronta

Por amor, Cristo nos levanta y sacude, nos atrae para él, nos sacude el letargo que tenemos como polvo alojado, esa pereza egoista del interés únicamente personal. Ya no seremos para nosotros, sino para él. No es que no nos importemos, claro, nadie puede amar a alguien más si no se ama antes a sí mismo. La diferencia está en que seremos capaces de amar a los demás y no solo a nosotros. Jesús ya no es ese hombre doliente que está muriendo a manos de los soldados romanos. No. Ya es el caudillo que está llevando a cabo la liberación más grande que nadie haya hecho jamás. Por eso con su voz nos confronta, hace que nos cuestionemos, qué fuímos, qué somos, qué seremos. ¿Dejaremos la comodidad de lo que creemos ganado? No se necesitan grandes riquezas para ser egoista. Se puede ser egoista si no se comparte un poco del único pan que tengamos.  También se es egoista si “escondemos el talento” y decimos: yo no le hago mal a nadie, soy un buen ciudadano, pago mis impuestos. Eso, sin duda, merece un reconocimiento por ciudadano ejemplar. Pero el ser cristiano implica muchas otras cosas, porque Cristo siempre es más. Quien se porta bien, lo hace porque así lo ordena la ley humana o si no va a la cárcel. Pero, puesto que Jesús no impone leyes, espera todo, sí, por amor, por amor resuelto y decidido. Amor valiente, que no se retrae, ni espera ocasión idónea. Todo momento, todo tiempo es el mejor. Dios ama en todo tiempo.

Cristo nos confronta para que nos demos cuenta de lo que somos y lo que podemos llegar a ser por medio del espíritu de Dios.

Fuimos liberados para amar en libertad.

Abusar de la fe

Mientras mi esposa y yo comprábamos unas cosas escuchamos una plática entre unos tenderos y una cliente. El diáologo iba más o menos así:

Cliente: la verdad, los que más ayudan son los mormones.

Tendero: Sí es cierto.

Cliente: Cuando uno va con ellos, luego luego le dan a uno una despensa. Como a las dos semanas va el obispo a la iglesia y te bautiza. Y te ayudan poniéndote un negocio. La verdad aquí sí conviene.

Tendero: Sí. Ellos soy muy distintos que los cristianos o los testigos de Jehová. Los católicos, esos de plano no dan nada. La verdad, los mormones sí ayudan.

Cliente: Sí. Y con ellos todo es más sencillo, no hay que estudiar mucho, todo te lo dicen más sencillo. Que hay que amar al padre celestial y ya.

Si este es el “método” de predicación de los mormones, no es de extrañar el gran crecimiento que han tenido en años recientes… el problema es que no predican el evangelio de Cristo sino el de Mammón, el dios de la riqueza, del materialismo. Un predicador mayormente debe brindar el mensaje de esperanza y consuelo de Cristo, si está en su mano y la persona lo requiere -que esté en situación precaria- deberá brindar alimento o cualquier otro tipo de ayuda… pero debe saber discernir el predicador si la persona tiene interés en su predicación o solo en el bien material. Como lo hizo Cristo cuando percibió que la multitud solo lo seguía porque los alimentaba. Cuando los notó hambrientos, claro que los alimentó, pero al ver que su interés era meramente material, se apartó de ellos.

No solo el que posee riquezas cae en la trampa del materialismo, también lo puede hacer el pobre que ve en las religiones una forma de obtener ganacias.

También las iglesias caen en un error grave al poner por delante de su predicación los bienes materiales. Cristo no prometió riquezas al que lo siguiera, sino una nueva vida. Estas iglesias que anteponen lo material, en realidad se parecen más a un partido político, ansiosos por tener más militantes. Estas iglesias por más que digan que su mensaje es el de Dios, no hacen más que evidenciar que sus intereses son bastante terrenales, desean poder. El camino de la salvación es angosto. Qué diferente.

Sobre la misericordia y como esta debería ser desligada de la predicación, me referiré en otra publicación

Elogio de la sencillez

¿Cómo debería ser la vestimenta de los predicadores? Imaginemos cómo sería la de Cristo y sus discípulos. Jesús, hijo de carpintero y sus discípulos, pesacadores, pastores, etc. Sin duda, el atuendo era sencillo. Y esta sencillez crsitiana contrasta con las vestimenta de algunos predicadores de nuestros tiempos.

Si lo importante es el mensaje, la ropa no debería sobresalir más que el evangelio que pretendemos comunicar. La labor del predicador es traer a la imaginación del público las palabras de Cristo, dichas hace casi dos mil años… pero de la misma manera sencilla y profunda que él lo hizo. Al final de cuentas a lo que aspiramos es a ser imitadores de Jesús. Muchas veces nos preguntamos por qué nuestra predicación no es tan efectiva, sabemos que algo nos falta, pero no sabemos qué. Pero le respuesta la tenemos tan cerca: nos falta sencillez. Así como un discurso lleno de palabras “cultas” se hace de difícil comprensión para la mayor parte de las personas, un atuendo ostentoso o demasiado formal creará una barrera o distancia entre el oyente y nosotros.

Hay muchas religiones que se empeñan en dar una buena impresión. Ponen como regla a sus miembros vestir de traje en sus actividades religiosas y en la predicación. Cuando se les pregunta la base bíblica para tal acción, responden que “no hay una base bíblica como tal, pero hay que dar una buena impresión”. Esta respuesta lleva algo de verdad y algo de mentira. La verdad está en que claro, somos portadores de la palabra de Dios y debemos hacerlo de forma digna. Pero la mentira está en que la dignidad dependa de nuestra ropa. Si así fuera, más de la mitad de los profetas del antiguo Israel quedaría desacreditado. El mismo Juan el Bautista, que era una especie de asceta, no calificaría para los altos estándares que estas religiones-corporaciones exigen de sus miembros.

Al menos en Latinoamérica, es difícil que el predicador trajeado, como si fuera gerente de algún banco o empresa multinacional conecte con la población sencilla de los países en vías de desarrollo. En un hombre trajeado, las personas del subcontinente no ven a un seguidor de Cristo, más bien identifican a un político -corrupto las más de las veces-, a un empresario, al cobrador, al banquero que nunca le dará un crédito… pero no al Cristo que caminó con los pobres, que alimentó a las muchedumbres hambrientas, que lavó los pies en gesto de humildad, que consoló al sufriente y rescató a la prostituta de ser apedreada.

Quizá algunos vean en estos predicadores trajeados a los miembros del Sanedrín, pulcramente vestidos, cuidadosos de su higiene hasta lo inconmensurable.

Las sandalias del pescador de hombres, llenas de polvo y gastadas, son contrarias a los mocasines bien lustrados de los predicadores trajeados.

La gracia, la llave de la libertad

Antes esclavos, ahora libres
Éramos esclavos, nuestras debilidades eran las cadenas, la imperfección el candado. Pero la bondad de nuestro Dios y el sacrifico de nuestro rey Jesús nos han liberado. Nosotros, los cristianos contemporáneos, no estamos obligados a cumplir la imposible -por perfecta- ley que se le dio a Moisés y a su pueblo Israel. De las tres llaves simbólicas dadas a Pedro, nos corresponde la tercera, que fue la de abrir la esperanza del Reino a los llamados gentiles, es decir, los que no eran ni judíos ni samarios. Los gentiles quizá fuimos idólatras, adúlteros, salteadores, ladrones, mentirosos, apostadores, borrachos, etc. Pero gracias al amor de Dios es que se nos hizo conocedores de esa bondad y la esperanza de ser limpiados y perdonados de todo cuánto pudimos haber hecho mal. Como dijo nuestro rey: conocerán la verdad, y esa verdad los hará libres.
A los judíos, a quienes mayormente iba dirigida la predicación de Cristo en la tierra, el Maestro dijo: les doy un nuevo mandamiento, que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado. Aquí está el núcleo del mensaje y labor de Cristo. No dijo que venía a reformar el judaísmo, tampoco dijo que su propósito era expandirlo por el mundo. No. Dijo: les doy un NUEVO mandamiento. Este mandamiento era el amor, a Dios primero y al semejante después. A partir de ese momento, bastaba con ejercer fe y comprender el gran amor que Dios tiene por su creación y, motivado, imitar su ejemplo: amar al prójimo. El que ama a su prójimo no le hace daño, ni lo envidia, no le declara la guerra. El amor, como dijo Jesús, resume la antigua ley y la labor de los profetas. Por amor escogió a un pueblo y lo liberó, le dio una tierra excelente en la cual morar y hacerse grande y próspero. Pero esto fue solo una pequeña muestra de lo que está por venir.
Cristo enseñó a un pequeño grupo que debía predicar las buenas nuevas -“el Reino de Dios se ha acercado”-, todo lo que habían visto y oído. Con la sencillez empleada por él. Su público fueron los pastores, pescadores y gente común. Aunque cuando fue necesario, también dialogó con personas eruditas en cuanto a la ley. Pero era esta sencilla forma de explicar conceptos profundos la que dejaba consternados a sus opositores y maravillados a los que prestaban atención. Si Cristo hubiera empleado el abrumador legalismo de sanedrín, su mensaje no hubiera sido muy diferente del que se escuchaba en las sinagogas o en el templo. Cristo siendo el hijo de Dios, se comportó como el más humilde de los hombres. Muy distinto del clero judío que se sentían príncipes y únicos depositarios de la verdad. A estos hombres de ropas elegantes y mirada altiva les parecía indignante que un hijo de carpintero fuera el llamado Mesías. Aún y cuando estos hombres dedicaban su vida al estudio de la Palabra de Dios, la realidad es que no entendían el mensaje ni el propósito Divino. Su soberbia les cegaba. Ponen cargas a los humildes, pero ni ustedes podrían soportar tales cargas, les dijo Jesús. Pero ¿a qué cargas se refería? No era a los impuestos, pues estos no los controlaba el sanedrín sino los romanos. Las cargas eran en sentido espiritual. Las autoridades judías hacían sus propias interpretaciones de la ley, a estas interpretaciones se les conocía como la ley oral. Esta ley oral iba mucho más allá de la ley escrita. Hacía más agravante la situación espiritual de los judíos, ´pues por más que lo intentaran nunca alcanzaban a satisfacer los cumplimientos de la ley. Además de la gran corrupción, favoritismo y simonía que existía en el clero judío. A eso se refería el Mesías cuando les dijo que imponían cargas -legales- que ni ellos mismos eran capaces de cumplir. No lo hacían, no lo cumplían, pero el pueblo judío no podía señalar esto, pues hacerlo suponía hacer un señalamiento a los “elegidos” de Dios. Cristo dijo en el sermón del monte: felices los pobres de espíritu -no porque fueran débiles o carentes de espiritualidad, sino porque los tenían en ayuno en este sentido-, porque ellos serán saciados. Así pues, tanto el judío como el samario o el gentil, están llamados a ser liberados de toda carga o imposición. Cualquiera que ponga fe en el sacrificio redentor, está libre y consentido para fulgurar en el Espíritu de Dios, por Su gracia.
II
El legalismo inhibe la fe
 
El apóstol Pablo en su Carta a los Gálatas menciona  que es inconcebible que un esclavo que ha sido liberado, vuelva a la condición de esclavitud por voluntad. Pero va más allá, dice que quien lo hace no está con Cristo, sino contra él, pues desconoce la necesidad del sacrificio redentor. No son nuestros esfuerzos por andar en rectitud los que nos harán justos, sino la misericordia, que es un don gratuito de Dios. Pablo hace un exhorto a los cristianos del primer siglo, que se hace extenso a nuestros tiempos, de que nos llenemos de ese amor y gracia y nos alejemos de la obsesión por cumplir la ley de un pacto que ha sido desplazado por el mandamiento del amor. El cristiano deberá alimentarse del conocimiento de Dios para así educar su conciencia y que está le señale lo que es correcto, pero sin olvidar que todo lo que tiene, mucho o poco, es gracias al amor de Dios. En esos que se obsesionan por cumplir los antiguos madamientos se nota un poco del espíritu de satanás, que pensaba que él no necesitaba a Dios, pues podía arreglárselas por él mismo, con sus propias acciones. Es el mismo argumento de los que se afanan en cumplir la ley. Pretenden que sus actos los hacen merecedores de algo, negando con ello la bondad inmerecida por parte de Dios. Los cristianos debemos tener presente siempre que todo es gracias a la misericordia divina.
Hay que decir que en nuestros tiempos esta libertad es predicada, pero no siempre ejercida en el interior de las congregaciones. El clero -ya sea declarado o de facto- domina hoy la vida de los creyentes igual o más que en el siglo primero lo hacía el sanedrín. El creyente se sienta frente al púlpito o plataforma y escucha que debe obedecer, ser sumiso, ser leal, no debe cuestionar. Casi le dicen que no debe pensar. Simplemente acatar. Pero cabe preguntarnos: ¿Para eso nos dio Cristo la libertad, para que fuéramos una especie de andriodes sin raciocinio? La respuesta contundente es NO. En el cristianismo vale la duda -un ejemplo son los bereanos, mencionados por Pablo-, la crítica, el desacuerdo. Puesto que todos somos hermanos y nadie está por encima de nadie pues todo clero o cuerpo gobernante que se erige no tiene fundamento bíblico, los desacuerdos son lógicos. Pero en una comunidad formada por cristianos maduros se entiende que haya diferencias y puntos de vista encontrados.. Pablo tuvo muchos desencuentros, sobre todo con Pedro y los cristianos judaizantes, pero no por eso los desconocía como sus hermanos en la fe. No. Él y ellos tenían muy presente que toda dádiva gratuita proviene de Dios y que la obra que ellos llevaban a cabo era de Cristo, único caudillo. Pablo y Bernabé decidieron en algún momento tomar caminos distintos, por una diferencia de opinión, pero siempre tuvieron muy presente que eran hermanos en la fe.
Pero volvamos a la cuestión. Al cristiano casi se le dice no pienses, nosotros lo hacemos por tí. Tu haces lo que te decimos y tienes la salvación asegurada. No importa si hoy te enseñamos algo y mañana otra cosa que se contradice, no importa porque tu solo debes asentir. Eso significa ser creyente, aceptar y ya. Al menos yo no quiero ser ese tipo de creyente. En mi conciencia sé, me queda muy claro, que si fuera  ese tipo de creyente pasivo, no le serviría a Cristo de ninguna manera. Jesús al hablar empleaba parábolas porque de esta forma todos los que lo escuchaban podrían quedarse con algo de su mensaje. Pero al final a sus discípulos les hacía preguntas sobre lo que había hablado. A veces no bastaba la respuesta simple, porque Jesús quería saber qué había en su corazón. Cuando él consideraba que ellos no habían razonado lo suficiente lo expuesto por él, les decía algo así como: ustedes deben esforzarse más por entender las cosas a mayor profundidad pues heredarán el Reino de Dios. Y el maestro tenía que explicar de nuevo lo que les había querido transmitir. Como cada cabeza piensa distinto, es lógico deducir que había diferencia de opiniones y se hacía el debate. Al final Cristo aclaraba las cosas para todos. Hoy no tenemos a Jesús en persona, pero sí la palabra de Dios. Las congregaciones no deben desalentar la diferencia de opinión, por el contrario, deben alentarla porque enriquece el ministerio y el conocimiento. Claro. Siempre la Biblia como fiel de la balanza.
El clero -el declarado y el de facto- tiene miedo de ver locales vacíos a pesar de que predica que angosto es el camino que conduce a salvación. Por eso controla de manera férrea a los creyentes, los domina y a veces asfixia con tanto legalismo. A los hombres le dice el tipo de mujer que han de elegir, el trabajo, el ocio, si puede usar barba o no. A las mujeres aún más, hasta el color de ropa que han de usar. Qué lejos está todo esto de la pequeña comunidad formada por Cristo y sus seguidores. Para los líderes modernos todo es apostasía, todo es rebeldía. Olvidan que Cristo no fundó religiones ni cotos de poder. Dijo: donde estén más de dos, allí estoy yo.
III
 
Libres para amar a Dios
 
Tuyos eran y me los diste. Le dice Jesús a su Padre en agradecimiento por haberle permitido compartir su ministerio con sus apóstoles, hombres sencillos e imperfectos.
Nosotros, los que hemos aceptado a Cristo en nuestra vida, tenemos esa misma condición. Somos de Cristo por gracia de Dios. No somos prisioneros de esa ley que esclavizaba a los judíos, nuestros pecados han sido limpiados por la sangre del cordero. Como dice Pablo en Gálatas: Jesús es la llave que nos ha puesto en libertad. Pero ¿qué hacer con esa libertad?
Lo que suele hacer un preso es aflojar el cuerpo un poco o salir a correr, alegre porque está de nuevo en libertad. Pues eso mismo, alegrarnos porque somos libres y más que eso, además se nos da el gran regalo de la vida. Si a un preso al recobrar su libertad, un benefactor le hubiera dado un gran tesoro, este preso hubiera, sin duda, preguntado por ese hombre tan bueno y hubiera querido conocerle para agradecerle.
Así nosotros, somos libres y ricos. Pero no es la nuestra la libertad del hijo pródigo, ni nuestra riqueza es material como para despilfarrarla. Nuestra libertad es para amar al Dios que no conocíamos y a nuestro Rey y caudillo, Cristo. Somos libres para ser felices y fulgurar en el Espíritu de Dios. Para que esa felicidad sea contagiosa y comunicante. Para compartir el pan con el que no lo tiene, para escuchar y consolar al que sufre. Para orar por el enfermo y por el preso. Seamos libres además, para sentarnos a platicar con el que no piensa como nosotros, abrazarlo como nuestro hermano que es y pedir la bendición para él.
Solo si amamos, conoceremos a Dios.