El fariseo y el recaudador de impuestos

El siguiente ejercicio teológico está basado en la llamada Parábola del Fariseo y el Recaudador de Impuestos, que aparece en el evangelio de Lucas, capítulo 18 versículos del 09 al 14.

Una primera mirada a esta parábola

En esta parábola tenemos a dos personajes centrales: el fariseo y el recaudador de impuestos. Dos polos opuestos, nada tan contrario y enfrentado como la personalidad de estos dos personajes. Ambos dentro del templo, que es la casa simbólica de Dios en la tierra. Esto quiere decir que han acudido a la observación y al juicio de Él. A ojos y entendimiento humanos, ya sabemos cuál, a nuestro juicio, será recompensado y cuál merecerá reprensión. Pero Jesús quiere que los presentes no se limiten al razonamiento humano, sino que sean capaces de vislumbrar el amor, la gracia y la bondad de Dios.

Desarrollo del relato

Antes de adentrarnos en el relato, es conveniente que definamos bien lo que era un fariseo y un recaudador de impuestos. Un fariseo en el primer siglo era un miembro del partido judío del mismo nombre, que en hebreo significa “separar”. Así, podemos entender que estos hombres se “separaban” del resto de los judíos para el servicio a Dios, que comprendía el estudio de la ley, su interpretación y la enseñanza y explicación de la misma en las sinagogas. Los fariseos eran el partido dominante y esto hacía que su manera de interpretar la ley predominara entre el pueblo judío. Cabe señalar que los fariseos eran sumamente ortodoxos en su defensa de la ley. Por otro lado, los recaudadores de impuestos eran personas consideradas como sumamente pecadoras. Llevaban una vida de excesos, se emborrachaban, convivían con prostitutas y gentiles. Puede entenderse que incumplían prácticamente todos los mandamientos de la ley. Pero había algo más: los recaudadores de impuestos servían al imperio romano que tenía bajo su dominio a los judíos, luego entonces estos personajes eran vistos como traidores.

Quizá en el momento en que Jesús está hablando hay doctores de la ley presentes, o simplemente personas escrupulosas, porque Lucas advierte que a ellos es a los que dirige esta parábola. La Nueva Traducción Viviente dice que estas personas no solo se sentían demasiado justas, sino que además menospreciaban a los demás. Pensaban que como ellos no se hallaban pecado alguno, tenían el derecho de ponerse un peldaño arriba moralmente hablando y desde esa superioridad ver con desprecio a los demás.

Jesús relata que dos hombres entraron al templo de Dios a orar. Los dos se apartan del resto de los presentes, pero por razones muy distintas. El fariseo lo hace desde la soberbia, lo hará notar en las frases de su oración. El recaudador de impuestos en cambio, se aparta porque se siente “sucio”, no merecedor de estar allí. Es tanta la pena de este hombre, que mientras ruega a Dios por compasión, no levanta la mirada. En cambio el fariseo tiene el pecho erguido, y el rostro arriba, tanto que le ha permitido observar al auditorio y al recaudador de impuestos. En ese mirar se ha comparado con todos ellos y a su juicio, se ha calificado con mejor nota que todos ellos. ¡Y cómo no iba a ser así! si él no engañaba, no pecaba y no cometía adulterio, como sí lo hacía el recaudador de impuestos. Además de que ayunaba, muy distinto a las conductas glotonas del otro. También daba su diezmo de forma puntual. Como puede verse, este hombre no se asumía pecador ni digno de compasión. Este hombre agradecía por estar libre de pecado. El recaudador en su dolor golpeaba su pecho, seguramente lloraba mientras pedía misericordia, pues se sabía pecador. No enumeró las cosas que había hecho mal, porque sabía perfectamente que Dios ya conocía todas estas cosas, por eso venía a pedir perdón. Jesús culmina el relato diciendo que este recaudador de impuestos es el que fue justificado por Dios y no el fariseo. Sabiendo este veredicto ¿podríamos concluir que Dios acepta el pecado?

La respuesta es un contundente no. Dios no se contenta con el pecado, pero tampoco es lo más importante para Él, como tampoco lo es el observar la ley de la manera en que este fariseo lo hacía. La clave la da Jesús cuando dice que el que es humilde y se humilla ante Dios es el que será justificado por Él. El fariseo fue aprobado por Dios porque reconoció sus debilidades y pidió perdón a Dios. No soy digno de estar ante ti, dijo este hombre y conmovió el corazón de Dios. En cambio el fariseo no fue humilde ni fue capaz de mostrar sentimiento alguno a Dios.

Conclusión

Los cristianos muchas veces pensamos que si observamos la ley “seremos merecedores de la vida eterna”. Nos olvidamos de la gracia de Dios y del sacrificio redentor de Jesús. Cierto es que este rescate no nos da carta abierta para pecar, de hecho, hacerlo deliberadamente no estaría demostrando que amamos a Dios. Pero no está en la obediencia de la ley ni en el esfuerzo humano la salvación. Nada de lo que hagamos nos hace merecedores de nada, porque no somos quienes nos otorgamos la salvación, sino Dios en su bondad. Pensar otra cosa es, como decía Pablo, asumir que no necesitábamos a Jesús y que éste murió en vano.

Los cristianos debemos ser humildes como Jesús y ser felices haciendo la voluntad de Dios, pero por amor y no por obligación, no como un deber, nunca como costumbre. Deberemos evitar a toda costa mirar a los demás con el desprecio que lo hacía el fariseo. Como vimos, la separación del fariseo fue muy distinta  de la del recaudador de impuestos. Hoy esta separación también puede darse. Vemos lo que se “separan” para abnegadamente servir a Dios, para atender enfermos o cuidar huérfanos. Esta separación es positiva, llena de humildad. Pero también hay separaciones un tanto farisáicas. Por ejemplo, si pensamos que nuestra religión es la única y verdadera, nos estamos separando de todos aquellos que confiesan a Cristo como salvador, toda vez que Jesús no estableció religión alguna sino un modelo de fe. Este tipo de separaciones no excluye de la convivencia con otros y además nos priva de enriquecernos del conocimiento y experiencias de otros. Los cristianos debemos tener muy presente siempre que no seremos justificados por nosotros sino a pesar de nosotros. Aquellos que se separan de sus hermanos, porque piensan que “no son tan correctos como ellos”, en realidad están dividiendo la casa de Dios. Pensar que somos el único conducto de Dios es fariseismo puro.

Traducciones:

Nueva Traducción Viviente

Reina Valera Contemporánea

Biblia Hispanoamericana Interconfesional

Referencias

The Free Encyclopedia. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://wikipedia.com/

Read the Bible. A free Bible on your phone, tablet, and computer. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://bible.com/

Sitio oficial de los testigos de Jehová. (n.d.). Retrieved March 22, 2017, from http://jw.org/es

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Ejercicios teológicos

La teología no es otra cosa que el estudio de Dios. La palabra teología es de origen griego “θεος” o “theos” que significa “Dios” y “λογος” o “logos” que expresa “estudio” o “razonamiento”, en consecuencia, significa el estudio de Dios y de los hechos relacionados con Dios. La Biblia nos dice que Dios no tiene principio ni fin, el hombre estudia esas cosas de Dios a partir de que el hombre mismo fue creado. Sabemos de Dios solo una pequeña parte de todo lo que Él nos ha querido decir por medio de Su revelación en la Biblia. La teología indaga, analiza, razona. Se vale de otras herramientas como la exégesis, la hermenéutica, incluso la dialéctica para llegar al núcleo, al corazón mismo de lo que Dios nos quiere comunicar.

Los ejercicios teológicos que irán apareciendo en este blog se centrarán en las principales parábolas de Jesús. El hijo pródigo, el buen samaritano,  la de los talentos, etc. Y por último un ejercicio sobre el llamado “sermón de la montaña”.

La razón de hacer estudios sobre las parábolas es porque ellas guardan siempre enseñanzas “ocultas” como perlas. Las parábolas fueron la forma más sencilla y práctica que Jesús utilizó para hacer llegar a su auditorio grandes y profundas enseñanzas. Son fáciles de entender por todo tipo de personas, sin importar el nivel educativo o cultural. Para el que no es estudioso de la Palabra de Dios, una parábola deja un buen mensaje al final. Para el que escudriña la Escritura es un cúmulo de aprendizaje cristiano. Hay que advertir que Jesús también empleó alegorías. Así que además de las parábolas, tenemos alegorías y parábolas que también son alegorías. Las parábolas también son útiles para entender cuestiones como las de qué es lo importante: la ley o la fe. No pocas veces los fariseos y los doctores de la ley, buscaron entrampar a Jesús. Las parábolas también fueron una forma de rebatir sus malos razonamientos.

Estos contenidos han sido producto de muchas horas de estudio, investigación, reflexión y razonamiento, el único propósito para estos documentos es que sean provechosos para hombres y mujeres que como dijo Jesús “tienen conciencia de su necesidad espiritual”.

Los ejercicios teológicos serán publicados a razón de uno por semana. Se pueden leer así, directamente o con la ayuda de una copia de la Escrituras.

Algunas de las traducciones que han sido empleadas para estas investigaciones son:

Biblia de Jerusalén

Biblia Hispanoamericana versión interconfesional

Reina Valera 1960

Reina Valera Contemporánea

La Biblia de Nuestro Pueblo

Traducción del Nuevo Mundo

Traducción en Lenguaje Actual

Fuentes:
https://www.significados.com/teologia/. Se consultó el 17 mar.. 2017.

Cristo nos confronta

Por amor, Cristo nos levanta y sacude, nos atrae para él, nos sacude el letargo que tenemos como polvo alojado, esa pereza egoista del interés únicamente personal. Ya no seremos para nosotros, sino para él. No es que no nos importemos, claro, nadie puede amar a alguien más si no se ama antes a sí mismo. La diferencia está en que seremos capaces de amar a los demás y no solo a nosotros. Jesús ya no es ese hombre doliente que está muriendo a manos de los soldados romanos. No. Ya es el caudillo que está llevando a cabo la liberación más grande que nadie haya hecho jamás. Por eso con su voz nos confronta, hace que nos cuestionemos, qué fuímos, qué somos, qué seremos. ¿Dejaremos la comodidad de lo que creemos ganado? No se necesitan grandes riquezas para ser egoista. Se puede ser egoista si no se comparte un poco del único pan que tengamos.  También se es egoista si “escondemos el talento” y decimos: yo no le hago mal a nadie, soy un buen ciudadano, pago mis impuestos. Eso, sin duda, merece un reconocimiento por ciudadano ejemplar. Pero el ser cristiano implica muchas otras cosas, porque Cristo siempre es más. Quien se porta bien, lo hace porque así lo ordena la ley humana o si no va a la cárcel. Pero, puesto que Jesús no impone leyes, espera todo, sí, por amor, por amor resuelto y decidido. Amor valiente, que no se retrae, ni espera ocasión idónea. Todo momento, todo tiempo es el mejor. Dios ama en todo tiempo.

Cristo nos confronta para que nos demos cuenta de lo que somos y lo que podemos llegar a ser por medio del espíritu de Dios.

Fuimos liberados para amar en libertad.

Vida de Jesús

Más allá de la experiencia sobrenatural, Ernest Renan nos lleva a descubrir a la persona llamada Jesús, su andar, su testimonio, pero a partir del ser humano. Renan coloca a Jesús en la posición de profeta, como lo fueron Elías, Isaías o Juan el Bautista. Y lejos de restarle grandeza, nos hace notar como desde esta humilde posición, Jesús construye la obra más trascendente que algún ser humano haya hecho nunca: la construcción de la fe verdadera.

Este libro hace una comparación entre los evangelios sinópticos y el de Juan para analizar a profundidar pasajes importantes del ministerio de Cristo. El autor, sin proponérselo, hace teología con su obra porque sin duda se aprenden cosas nuevas gracias a su libro de los pasajes de la vida de Jesús, aún y cuando los mismos los hemos leído toda la vida.

Aunque el autor advierte que su libro no es apto para mentes “estrechas”, considero que sí deben leerlo, pero con disposición y franqueza. No hay que olvidar que Jesús vino a quebrantar el “sábado”.

Vida de Jesús es un libro actual aún y cuando fue escrito en el siglo XIX. Y que todo cristiano debe leer.

¿Por fe o por obras?

Uno de los primeros cismas que ocurrieron fue en el siglo I y se dio entre Pablo y los cristianos de la congregación de Jerusalén. Pablo argumentaba que la justifiación viene por la fe, que no es por obra humana alguna, pues si así fuera, entonces el hombre no necesita del sacrificio de Cristo para ser salvo. En cambio, por parte de los llamados judaizantes, es decir, los cristianos que aún se aferraban a respetar las leyes y tradiciones judías, como Santiago, la fe no bastaba, hacían falta las obras, “pues hasta los demonios creen que Dios existe”. Por parte de Pablo, las Cartas a los Gálatas y a los Romanos dan cuenta de su defensa de la fe y la gracia de Dios. Por parte de Santiago está la carta homónima.

Sin duda es un tema polémico para el mundo cristiano.

Jesús dejó muy en claro que él “siempre hacías las cosas que le agradaban a su Padre”, es decir, obras. Pero estas, ¿eran movidas por un profundo amor a Dios o por acatar alguna ley?

Nadie estaría dispuesto a dar su vida en sacrificio por cumplir una ley, en cambio, muchas personas hacen grandes sacrificios por aquellos que aman, sin que nadie se los exija. Aquí, el argumento de Pablo lleva un punto.

Pensemos en un ejemplo que todos conocemos. En las ciudades los gobiernos establecen reglamentos para proteger al peatón; colocan semáforos para que los automóvilistas se detengan para que los andantes puedan cruzar la calle. Aquel que no respeta el semáforo, es multado. Como siempre, hay quien acata las reglas y quien no. Pero desntro de los que lo hacen habrá quien lo haga convencido de que es lo correcto, en cambio habrá quien lo haga por fuerza y no por gusto. Para que haya orden, el gobienro pone leyes que todos estamos OBLIGADOS a cumplir. Si todos los ciudadanos tuviéramos amor hacia nuestros semejantes y entendiéramos el valor de la generosidad, no se necesitarían leyes ni reglamentos, pues todos haríamos los correcto movidos por amor. Estaríamos cumpliendo el segundo mandato de Jesús.

Santiago argumenta que también los demonios creen que Dios existe. El argumento es algo mañoso, pues no es lo mismo creer que tener fe. Pues aunque la fe implica creer, también conlleva tener convicción y confiar de manera firme. Eso no lo tienen los demonios. Ellos saben que Dios existe, pero no confían en él, como no lo hizo satanás, quien no confió en Dios, ni en la necesidad de adorarle. Santiago en su carta dice: Muestráme tu fe sin obras y por mis obras te mostraré mi fe. Aquí, aparte de un cierta petulancia, lo que puede notarse es un cierto desconocimiento de la gracia Divina. Dios ama primero, como escribió el apóstol Juan. Porque ama, generoso da a su hijo como sacrificio expiatorio por los pecados, para el que CREE en él no muera, sino que tenga vida eterna. Estas palabras son ciertas y contundentes. Como dice Pablo, si por las obras que haga, el hombra ganará su salvación, entonces Cristo vino en vano.

Los judíos hacían muchas obras… pero había un gran problema, carecían de amor sincero muchas de ellas. Lo hacían porque la ley así se los dictaba y cada que podían, burlaban esa ley. Esa ley los tenía esclavizados.

Como puede notarse, Santiago no dimensionaba ni discernía la gracia de Dios de la misma forma que Pablo. Le costaba separarse de la tradición Judía.

Cuando el amor de Dios toca el corazón de un hombre y Cristo entra en su vida y la transforma, éste se hace imitador de Jesús y el fruto del espíritu brota feliz. Entonces este “hombre nuevo” al igual que Cristo, procura hacer las cosas que alegran al padre. Siempre con gozo y no con imposición.

La fe por delante

Los llamados patriarcas bíblicos eran hombres sencillos, que no estaban vinculados con la liturgia ni el burocratismo de religión alguna. Su relación con Dios no pasaba por el filtro de algún líder espiritual humano, que hiciera la labor de mediador. En el caso de Abrahan, que fue considerado “amigo por Dios”, la relación fue tan viva y estrecha que hasta hubo una promesa por parte de Dios: que Abrahan sería el padre de una descendencia que viviría de forma eterna. Con esta descendencia se restauraría el propósito Divino que fue truncado por el egoísmo de Satanás y Adán.

Los patriarcas tenían algo en común: la fe. En el caso de Abrahan, creyó en las palabras de Dios y dejó su tierra, Ur, para hacer un viaje larguísisimo junto con su esposa y empleados y parientes, a una tierra desconocida e incierta. NO cabe duda que se requería mucha fe para dejar la comodidad y la seguridad de tu casa y emprender el viaje por esos caminos peligrosos y desconocidos.

Otro patriarca bíblico fue Job. De éste dice Jehová satisfecho que “no había otro como él en la tierra”. Job fue puesto a prueba por Satanás, pero él no sabía que el sufrimiento era causado por el demonio. Dios ha dado, Dios ha quitado. Bendito sea Dios, dijo y se mantuvo firme en su adoración a Dios, soportando todas las pruebas y el dolor. Sin duda, se requería una fe grande.

Sin duda, estos patriarcas son un ejemplo para todo el nacido en Cristo. La fe es el epicentro de la relación con DIos y su hijo.

La fe es creer, pero también mantenerse en esa creencia. Para ello hacen falta muchas cosas. Como conocer cada vez más de Dios y sus propósitos. Establecer una relación constante y cercana con el Creador.

La fe debe ir por delante en cada cosa que hagamos. Solo así el cristiano “honra a Dios con sus cosas valiosas”.

Los fuertes -y los débiles- en la fe

¿Qué define a alguien en la fe, y si esta es fuerte o débil?

El apóstol Pablo fue cuestionado en algún momento debido a su fe, pero no por los gentiles,  sino por sus compañeros cristianos. La cuestión presentada era si el apóstol hacía bien al comer carne sacrificada a ídolos o no.

Hay que decir que la razón por la que Pablo compraba esa carne era meramente económica, ya que una vez empleada para la ofrenda, era revendida a un precio barato. Además, si tomamos en cuenta que la mayor parte del tiempo el apóstol lo dedicaba a la labor de predicar y hacer discípulos,  es obvio que no le restaba mucho de ese tiempo para desempeñar la labor que le permitía ganarse el sustento. -El apóstol elaboraba tiendas de campaña -.

La disposición del apóstol por comer de esta carne no inquietaba o molestaba a su conciencia, pero sí la de algunos cristianos, principalmente judíos. La ley mosaica prohibía los actos idolátricos y que se tocara todo lo que estuviera relacionado con ella. Así que para los cristianos de origen judío y educados bajo la ley dada a Moisés, el proceder de Pablo perturbaba su fe.

La cuestión aquí es saber si Pablo hacía lo correcto o no. Analizar esta cuestión, además, nos dejará una enseñanza valiosa en cuanto a la fe.

Para comenzar, hemos de decir que en el siglo primero había tres tipos de cristianos que eran los que formaban la congregación: Los cristianos de origen Judío, los samaritanos y los de origen gentil, que eran los que provenían de otros pueblos que no formaban parte del pacto original con Israel. Esto hacía que las distintas costumbres dificultaran la convivencia. Los de origen judío, por ejemplo, aunque aceptaban a Cristo como su salvador, se aferraban a conservar las tradiciones y liturgias judaicas. Esto los hacía ver con recelo a los cristianos que no eran judíos, ya que estos no tenían la costumbre de practicar la liturgia judía. Los samaritanos, que habían sido el antiguo reino del norte formado por diez tribus de Israel, estaban acostumbrados a tratar con gente de otros pueblos, ya que ellos hace siglos que habían aceptado en su tierra a extranjeros. Los cristianos gentiles tenían una mirada más cosmopolita de ver las cosas.

Saulo -que después de la conversión sería llamado Pablo- tenía la doble nacionalidad. Es decir, pertenecía a la nación dominada -era judío -, pero a la vez a la potencia dominante, o sea a Roma. Tenía doble nacionalidad. Al ser ciudadano romano, Pablo contaba con muchas ventajas en comparación con el Judío común. Además que el grado académico alcanzado por él -equivalente a universitario- le permitía un bajage cultural más amplio,  que le permitía analizar las cosas fuera de la cuadratura judía. Basta con leer cualquiera de las trece cartas escritas por él, para darnos cuenta de su alto grado de razonamiento sobre las cuestiones que abarcaba.

Pablo comía de la carne que había sido ofrendada a ídolos sin que su conciencia le molestara porque partía de un razonamiento muy simple y válido a la vez: el alimento es dado por Dios. No es Dios quien crea algo malo, sino el ser humano quien lo pervierte. Esa carne era una provisión de Dios. Que otros usaban para un mal propósito,  pero no él.

Y es aquí donde viene la mayor lección de fe para nosotros :

1.- la fe es personal. Nadie puede ser interventor de la fe de los demás,  pero tampoco podemos guiar la nuestra en base a la conducta de los demás.

2.- la conciencia está conectada con la fe. Cada conciencia se educa y actúa de manera distinta. Al igual que en el caso de Pablo y los cristianos de origen judío,  la conciencia actuará en base a factores como son: formación bíblica,  nivel cultural,  núcleo familiar, ente social,  etc. Lo que para algunos no sea malo, para otros pudiera serlo. Otro ejemplo de esto es la circuncisión. Algunos que reconocieron a Cristo como su salvador,  pensaron que debían circuncisarse. Otros no. El nuevo pacto no establece la circuncisión como obligación,  así que hacerlo o no, era decisión de cada quien.

3.- debemos aprender a discernir las escrituras. Es la manera como el cristiano alimenta su fe y educa su conciencia. Un cristiano de fe firme,  no andará preguntando lo que debe hacer en cada aspecto de la vida, ni se perturbará por lo que otros hagan. Un cristiano fuerte vive con alegría su fe.

4.- no llenemos de legalismos la fe. Las leyes inhiben la fe. Ésta se torna en obligación y se apaga el amor. Un cristiano que ama a su Dios y el sacrificio redentor de Cristo valora su fe como al mayor tesoro. Pero lo hace porque entiende en su justa dimensión que no es merecedor de ese gran regalo. Vive sus días agradecido y se esfuerza cada día por agradar a su Dios.

Pablo escribió que quien es de fe fuerte, come de todo. En cambio,  el que tiene una fe débil, solo verduras.    Santiago dijo que el que conoce lo que es correcto y no lo hace, ya está pecando.

El que se la vive con temor y preguntando,  no anda en la fe. Por eso aún y cuando no come, siente que peca.

Pablo hizo lo correcto,  actuó conforme a su fe. Tenía un mayor discernimiento de lo que era el nuevo pacto. En cambio los cristianos judíos,  tenían que hacer un esfuerzo por desprenderse de los legalismos del viejo pacto…y vivir el amor y la alegría del ser cristiano. Tenían que soltar las cargas que los líderes judíos les habían impuesto y tomar el yugo suave, de Cristo.

Compra la verdad y no la vendas

El libro de Proverbios nos da un consejo sumamente sabio: compra la verdad y no la vendas.

Reflexionemos un poco acerca de este consejo. Primero: ¿qué es la verdad? La verdad es la palabra de Dios, la Biblia, su mensaje razonado y aplicado. La verdad se debe vivir, no sólo conocer o explicar. Segundo: comprar la verdad. Si la verdad “se vende” cuál es su precio. No es de ningún modo monetario, como muchos erróneamente lo entienden y amasan riquezas al lucrar con la publicación de la Biblia y otros libros. No. El único precio que podemos pagar por esa verdad es nuestra vida. Por eso cuando compramos la verdad damos nuestra vida a Jehová para que sea Él quien la dirija. Cuando nos dedicamos a Jehová ya hemos pagado el precio de la verdad. Tercero: NO vendamos jamás la verdad que hemos comprado.

En este sistema inicuo hay un sin fin de formas de “vender” nuestra verdad. Pero de algo podemos estar seguros: todas esas formas provienen de Satanás. Proverbios 11:18 dice que el inicuo obtiene salario falso. Ese salario lo paga el diablo y aunque pueda parecer en un principio atractivo, la realidad es que nos conduce a la muerte.

Sn duda sería muy tonto de nuestra parte vender la verdad que conduce a vida eterna por algo vano de este mundo y que nos conduce a la muerte.

La Oración Modelo

Cristo dijo:

‘Padre nuestro [que estás] en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra. Danos hoy nuestro pan para este día; y perdónanos nuestras deudas, como nosotros también hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, sino líbranos del inicuo’.

Líneas breves que, no obstante, contienen información importante para todos aquellos que buscan espiritualidad y una relación con Dios. En el mundo occidental todos en algún momento hemos dicho estas palabras, tanto si se es católico o protestante o de cualquier otro credo. Quizá y hasta las hemos pronunciado con un tono “cantado”. Pero a pesar de que esta oración se repite miles  o millones de veces al día en igual número de bocas, no siempre se sabe lo que estas palabras significan. ¿Qué encierra el decir santificado sea tu nombre? o ¿Venga tu reino?

Empezaremos con decir que la Oración Modelo es en realidad una lista de requisitos o instrucciones por orden de importancia, de aquellas cosas que deben contener nuestras solicitudes a Dios. Pero va más allá porque no permite saber lo que es o debería ser lo importante para nosotros. A continuación desglosaremos las características de la misma junto con una breve explicación:

1.- Padre  nuestro que estás en los cielos: El hogar de Dios está en el cielo. Él es una criatura celestial. No podemos verlo. Dios es Omnisapiente –que sabe todas las cosas-, más no omnipresente. Reside en su morada que es el cielo.

2.- Santificado sea tu nombre: El término santificar significa que es apartado para las cosas de Dios; que es limpio y puro. Por eso solo Dios puede santificar Su nombre. Pero ¿cuál? Él mismo lo dice en Salmos 83:18. “…para que la gente sepa que tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo”.

3.- Venga tu reino: De este reino es de habló Cristo. Un reino de justicia, paz y amor. No de guerra, hambre y sufrimiento como el que hoy padecemos. Un reino del que Cristo será el rey porque así lo ha dispuesto su Padre, Jehová.

4.- Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra: La voluntad de Dios es que haya paz tanto en el cielo, como en la tierra. Este punto va aunado al anterior.

5.- Danos hoy nuestro pan para este día:  A partir de aquí, las peticiones se vuelven personales. Es decir, cosas que cubren nuestras necesidades, tanto físicas, como espirituales.

6.- y perdónanos nuestras deudas, como nosotros también hemos perdonado a nuestros deudores: Las deudas que Dios nos debe perdonar son las propias de la imperfección, pues son estas las que nos llevan a tener pensamientos malos o a cometer pecados que le desagradan. Es por esta imperfección que se hizo necesario el sacrificio de Cristo. Adán fue un hombre perfecto y pecó contra Jehová, con esto condenó a la muerte y al sufrimiento al resto de la humanidad. Desacató el mandamiento de Dios. La vida perfecta de Jesús nos permite ser limpios si mostramos fe. Pero mostrar fe también requiere de mostrar humildad y amor hacia nuestros semejantes, no como una obligación, si no como una muestra de amor hacia Jehová. Solamente seremos cristianos si somos capaces de perdonar cualquier ofensa que nos hagan, de forma sincera.

7.- Y no nos metas en tentación, sino líbranos del inicuo:  Propiamente no es Dios quien nos procura las cosas malas, pues como dice Santiago en su carta: con cosas malas no está Dios. Sin embargo, vivimos en un mundo dominado por el egoísmo y la avaricia, contrario al propósito de Dios. Es por esta razón que estamos expuestos al pecado y a las cosas malas. Hay que recordar que Satanás el Diablo se opone a Jehová, contiende contra Él, obviamente con cosas malas. Por eso la importancia de pedir a Dios que nos aleje de la tentación, que es donde se fecunda el pecado.

Tanto si estamos tristes, como si estamos alegres o cansados, la Oración Modelo es un gran obsequio por parte de Jehová, pues nos permite acercarnos a Él de la manera que a Él le agrada.

¿Qué es Escrituras a Fondo?

Bueno. Escrituras a Fondo es un espacio creado por mí, Alejandro Arrieta, en el que deseo compartir mis conocimientos y opiniones sobre las Sagradas Escrituras, es decir la Biblia. La Biblia es el libro más influyente de todos los tiempos. Abarca la historia de la humanidad en la tierra, así como todos los géneros literarios, incluso la ciencia y las cuestiones de higiene.

Pero no solo habrá comentarios a las Sagradas Escrituras, también habrán artículos sobra la historia de las religiones. Procuraré hacerlo de una manera sencilla, clara y sobre todo neutral. Soy un firme creyente de que nadie posee la verdad absoluta. Pero también lo soy de que la verdad no se puede ocultar. El hombre en su búsqueda de Dios lo único que ha hecho es alejarse de la voluntad del Creador. Quizá porque no busca en el lugar indicado: en la Biblia.

No es mi deseo en ningún momento el enarbolar creencia alguna, vieja o nueva, ni mucho menos crear religión alguna o encaminar a alguien hacia una. Mi único desde es que a través del conocimiento y la razón, así como de la honestidad, cada quien descubra esa verdad que libera, como dice la Biblia.