Lo que su consejero espiritual -quizá- nunca le dirá

No es extraño que en cualquier iglesia o lugar de adoración la gente ponga las manos en el pecho en signo de lamentación. Es el equivalente al rasgar las vestiduras que hacían los antiguos hebreos. En aquellos tiempos, rasgarse las vestiduras significaba lamentación y arrepentimiento. Sin duda era un momento lleno de sentimiento. Hoy también lo es, cuando vemos a alguien abrazar con devoción algún objeto religioso como un rosario o una cruz o un ejemplar de la Biblia. El drama está a la vista de todos. Pero ¿Será sincero este acto?

Dios que ve y escudriña los sentimientos más profundos e íntimos de todos no siempre lo cree así. Pongamos por ejemplo las palabras que dio al profeta Joel para que las hiciera del conocimiento del antiguo pueblo elegido: “…rasguen su corazón y no sus prendas de vestir…”

Puesto que el corazón al  que se refiere la Biblia es al simbólico y no al físico, Jehová espera de todos nosotros modestia, sinceridad y espíritu resuelto y no actos de dramatismo que estén a la vista de todos y que causen compasión de la gente, pero que resulten estériles al no ser sinceros.

Jehová desea que sean nuestros sentimientos los que vayan en armonía con su propósito.

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