¿Cómo se manifiesta el espíritu de Dios en sus siervos?

El reino de Dios es semejante a una sinfonía. Los músicos de cámara son virtuosos del instrumento que ejecutan. Antes de que entre el director de la orquesta, los músicos tienen tiempo suficiente para afinar su instrumento. Así, los cellos, contrabajos, violas, violines y demás instrumentos, estarán dispuestos para crear arte. Cuando ya lo han hecho, el violinista principal ejecuta unos acordes para así, dar la nota que deberá ser seguida por todos los integrantes de la orquesta. Se espera que cuando entre al escenario el director, No haya falla  alguna.

 

Sucede que a veces, cuando los músicos no han afinado bien su instrumento, se valen de una argucia a la que llaman “forzar la nota”. Esta argucia pudiera ser imperceptible para el público que quizá no tenga el oído entrenado. Pero no pasará lo mismo con el director, que, sin duda sustituirá al músico que no tenga el virtuosismo requerido.

 

La música se compone de notas, do, re, mi ,fa, sol, la, si. Que combinadas, forman una melodía. En el reino de Dios ocurre algo muy similar. Solo que en este no las llamamos notas, sino frutos. 9 frutos, que al desarrollarlos, nos permiten estar en armonía con el reino de Dios.

 

Ya he nombrado para ustedes las 7 notas con las que es posible crear cualquier canción. Pero ahora quiero invitarlos a que leamos  cuáles son esos frutos. Gálatas 5:22 y 23. Así como el músico no puede prescindir de ninguna nota, el siervo de Dios no puede tomarse la libertad de discriminar ninguno de estos frutos.

 

La razón es muy simple: sin amor, no puede haber bondad, ni benignidad. Sin fe, no es posible gozo alguno, ni paz, ni gran paciencia, apacibilidad o autodominio. Porque estos frutos de los que hablamos, en realidad son partes de un todo; son la totalidad de la poderosa dádiva gratuita de Jehová.

La palabra griega “pneuma”, se vierte al español como espíritu y significa viento y tiene relación directa con otro término griego que es pneo y significa aliento. Esto nos lleva a entender que este espíritu viene desde lo más profundo de Dios.  Este aliento es además, ilustrado como una voz que nos hace una magnífica invitación, que podemos leer ahora mismo en Revelación 22:17.  Como se lee, la invitación es única, porque al beber de esta agua, no moriremos en sentido espiritual.

No obstante, para ser merecedores de beber de esta agua hay una cuestión que debemos asumir.

Cristo dijo: ustedes son la sal de la tierra, pero advirtió que esa sal no debería permitirse perder su salinidad, su valor, su sabor. Si esa sal pierde su sabor, deja de cumplir su función como sazonador de alimentos. Cuando un ministro de Dios pierde su salinidad es tan solo el oropel. Ya no es un creyente, sino un hipócrita. Alguien que no lleva a la práctica lo que predica.

Nuestro Señor Jesucristo es el mejor modelo de alguien que es consecuente con lo que manifiesta. Cuando dijo a sus discípulos: ¿podrán beber de mi copa? se estaba refiriendo a si estarían dispuestos a ser consecuentes con las cosas que tenían que proclamar.

Aquí es necesario que retomemos el ejemplo de Jehová y el director de orquesta. Cuando la orquesta necesita integrantes, se hace público para que músicos de todas partes acudan a las audiciones. en estas, cada ejecutante toca alguna melodía pero lo hace detrás de un telón. La razón es muy simple: Para que el director base su criterio de selección únicamente en el  virtuosismo que el músico tenga. Si este es suficiente, será aceptado. Si es deficiente, rechazado.

 

Lo mismo hará Jehová con sus siervos. No sé guiará por lo que aparentamos ser. Sino por lo que está en nuestro corazón simbólico. El vivir para permitir que el espíritu de Jehová se haga manifiesto en nosotros, no es de ningún modo compatible con la tendencia humana a trucar las cosas. Pudiéramos crearnos una imagen, una personalidad de falsa virtud, y andemos por la vida dándonos la de santurrones y al igual que el escriba que entró a la sinagoga a orar, miremos de reojo a nuestro hermano y pensemos que somos superior a él porque a nuestro juicio, somos muy buenos y él muy pecador. O porque nuestra ropa es mejor, o porque tenemos más tiempo en la organización o un privilegio. Quizá engañemos a nuestros hermanos de la congregación, a nuestros familiares o amigos, pero no a Jehová.

El escritor William Shakespaere dijo:

Un predicador no se contenta con decantar la virtud, sino que la practica. Pues antes de enseñar a 20 y no vivir conforme a lo que enseña, más le valdría ser uno de esos veinte y vivir conforme a lo que aprende.

 

Por último, y para resumir pudiéramos preguntarnos ¿Cómo, cuándo o de qué manera se manifiesta el espíritu de Dios en sus siervos?

La respuesta es muy sencilla: cuando nos esforzamos dentro de nuestra imperfección, por vivir de acuerdo a lo que Jehová nos enseña: El espíritu de Dios se manifiesta en nosotros. Cuando somos humildes y reconocemos que nada nos es meritorio, pues estamos bajo la bondad inmerecida de Dios. El espíritu se manifiesta en nosotros. Cuando recordamos que somos simple barro y que Jehová es el gran alfarero, su espíritu está en nosotros.

Poner el corazón como ofrenda a Jehová hará que Su espíritu Santo se manifieste en nosotros. Seremos  como aquel músico que con su magnífica interpretación cautiva al director y  éste, complacido, lo invita a formar parte de su orquesta.