Cristo libera ¿de qué?

Conocerán la verdad, y la verdad los libertará, dijo Cristo hace cosa de dos mil años. Pero ¿de qué nos libera? y ¿necesitamos ser liberados? Es lo que se preguntaron los judíos cuando inquieron a Jesús. Nunca hemos sido esclavos, dijeron algunos, por qué habríamos de ser liberados. La realidad es que sí eran esclavos, ya que estaban bajo el dominio romano, que no los consideraba ciudadanos del imperio.

Pero había otra esclavitud, una más dañina, la esclavitud del pecado, propia de la imposibilidad de cumplir a plenitud la ley perfecta de Dios.

La liberación a la que Cristo se refería pasaba por limpiarlos de todo pecado que pudiera bloquear su relación con Dios, pero iba mucho más allá, les quitaba el yugo de una ley imposible de cumplir, que los constreñía, pues eran “esclavos de ella”. Como bien lo indica Pablo en las cartas a los Gálatas y a los Romanos, Cristo los liberaba de la prisión de la ley, ahora serían libres y se guiarían por fe y no por obras, pues éstas no otorgaban mérito alguno para la salvación. Quien recibe el mensaje de Cristo, está depositando fe en sus palabras. Dios en su bondad inmerecida e infinita es quien actúa en favor de éstos nuevos creyentes, por amor, por bondad y generosidad. Creer otra cosa, dice Pablo, es negar al Cristo. Creer que las acciones humanas dan salvación, es darle la razón a Satanás, quien argumenta que el hombre no necesita a Dios, ni por ende a su hijo, como medio de salvación.

No se trata de decir que creemos en Dios y en su hijo y ya con eso tenemos carta abierta para vivir de una forma que ofenda a Dios. No. Se trata de que por amor a Dios y a su hijo, nos esforzamos por vivir de acuerdo a lo que Él espera de nosotros. Pero, como sabe que somos imperfectos, entiende que podemos caer. Por eso, en su gracia, está presto para reconfortarnos y perdonarnos si nos arrepentimos de corazón. “El justo puede caer mil veces, y mil veces se levantará”.

 

 

¿Por fe o por obras?

Uno de los primeros cismas que ocurrieron fue en el siglo I y se dio entre Pablo y los cristianos de la congregación de Jerusalén. Pablo argumentaba que la justifiación viene por la fe, que no es por obra humana alguna, pues si así fuera, entonces el hombre no necesita del sacrificio de Cristo para ser salvo. En cambio, por parte de los llamados judaizantes, es decir, los cristianos que aún se aferraban a respetar las leyes y tradiciones judías, como Santiago, la fe no bastaba, hacían falta las obras, “pues hasta los demonios creen que Dios existe”. Por parte de Pablo, las Cartas a los Gálatas y a los Romanos dan cuenta de su defensa de la fe y la gracia de Dios. Por parte de Santiago está la carta homónima.

Sin duda es un tema polémico para el mundo cristiano.

Jesús dejó muy en claro que él “siempre hacías las cosas que le agradaban a su Padre”, es decir, obras. Pero estas, ¿eran movidas por un profundo amor a Dios o por acatar alguna ley?

Nadie estaría dispuesto a dar su vida en sacrificio por cumplir una ley, en cambio, muchas personas hacen grandes sacrificios por aquellos que aman, sin que nadie se los exija. Aquí, el argumento de Pablo lleva un punto.

Pensemos en un ejemplo que todos conocemos. En las ciudades los gobiernos establecen reglamentos para proteger al peatón; colocan semáforos para que los automóvilistas se detengan para que los andantes puedan cruzar la calle. Aquel que no respeta el semáforo, es multado. Como siempre, hay quien acata las reglas y quien no. Pero desntro de los que lo hacen habrá quien lo haga convencido de que es lo correcto, en cambio habrá quien lo haga por fuerza y no por gusto. Para que haya orden, el gobienro pone leyes que todos estamos OBLIGADOS a cumplir. Si todos los ciudadanos tuviéramos amor hacia nuestros semejantes y entendiéramos el valor de la generosidad, no se necesitarían leyes ni reglamentos, pues todos haríamos los correcto movidos por amor. Estaríamos cumpliendo el segundo mandato de Jesús.

Santiago argumenta que también los demonios creen que Dios existe. El argumento es algo mañoso, pues no es lo mismo creer que tener fe. Pues aunque la fe implica creer, también conlleva tener convicción y confiar de manera firme. Eso no lo tienen los demonios. Ellos saben que Dios existe, pero no confían en él, como no lo hizo satanás, quien no confió en Dios, ni en la necesidad de adorarle. Santiago en su carta dice: Muestráme tu fe sin obras y por mis obras te mostraré mi fe. Aquí, aparte de un cierta petulancia, lo que puede notarse es un cierto desconocimiento de la gracia Divina. Dios ama primero, como escribió el apóstol Juan. Porque ama, generoso da a su hijo como sacrificio expiatorio por los pecados, para el que CREE en él no muera, sino que tenga vida eterna. Estas palabras son ciertas y contundentes. Como dice Pablo, si por las obras que haga, el hombra ganará su salvación, entonces Cristo vino en vano.

Los judíos hacían muchas obras… pero había un gran problema, carecían de amor sincero muchas de ellas. Lo hacían porque la ley así se los dictaba y cada que podían, burlaban esa ley. Esa ley los tenía esclavizados.

Como puede notarse, Santiago no dimensionaba ni discernía la gracia de Dios de la misma forma que Pablo. Le costaba separarse de la tradición Judía.

Cuando el amor de Dios toca el corazón de un hombre y Cristo entra en su vida y la transforma, éste se hace imitador de Jesús y el fruto del espíritu brota feliz. Entonces este “hombre nuevo” al igual que Cristo, procura hacer las cosas que alegran al padre. Siempre con gozo y no con imposición.

Carta a los Romanos (algunos puntos sobresalientes cap 1 a 4)

Romanos 1:17  Pablo dice que el justo vive por la fe. Es decir, vive para persistir en aquello que ha conocido. La palabra hebrea para fe es emunah que significa sostenerse.

 

Romanos 2:1-5 Pablo exhorta a los que se colocan en una posición de superioridad con relación a sus hermanos en la fe, a que si los juzgan, tengan cuidado en cómo lo hacen, pues su juzgar no los exime de ser juzgados por Dios. Por el contrario: a ese que juzga a los demás, Pablo le advierte: “al juzgar te condenas a tí mismo”.

 

Romanos 2:17-24  Pablo al decir: “a los que están educados en la ley”, se refiere a los principales, a los que llevan la delantera; a los que dan guía a la congregación. Los amonesta ante una posible doble moral. Jehová no ve bien que aquél se para ante la congregación y la exhorta y juzga, si es necesario, no de el ejemplo de un comportamiento cristiano.

Romanos 2:28, 29 Pablo resalta la importancia de las cualidades internas del cristiano, que son las que ve Jehová, por encima de las externas, que son las que juzga el hombre. Sin duda, es reconfortante saber que la alabanza del que se ocupa del interior, proviene de Dios y no de los hombres.